Poesía: Llamaron a mi corazón

A mi corazón llamaron:
corrí a abrir con vida y alma.
Veo en la puerta a mi Amor
con una cruz que me espanta.
-Pasad, si os place, Señor,
pasad, que ésta es vuestra casa;
si sólo una choza es,
haced de ella vuestro alcázar.
Y, haciendo mi noche día,
Jesús entró en mi morada;
pero al entrar en mi pecho
dejó la cruz en mi espalda.

Autor: Jacinto Verdaguer (1845-1902).

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

Poesía: Dame Señor

Dame, Señor, un poco de sol,algo de trabajo y un poco de alegría. Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla, una buena digestión y algo para digerir. Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros. No permitas que me preocupe demasiadopor esta cosa embarazosa que soy yo. Dame, Señor, la dosis de humor suficientecomo para encontrar la felicidad en esta viday ser provechoso para los demás. Que siempre haya en mis labios una canción,una poesía o una historia para distraerme. Enséñame a comprender los sufrimientosy a no ver en ellos una

Leer más »

Beatos Guillermo Ireland y Juan Grove: cuando la mentira intentó silenciar la fe

La historia de la Iglesia está llena de mártires que murieron por negarse a renunciar a Cristo. Algunos fueron víctimas de persecuciones abiertas y violentas. Otros fueron condenados mediante acusaciones falsas, juicios manipulados y campañas de odio cuidadosamente construidas. Entre estos últimos se encuentran los beatos Guillermo Ireland y Juan Grove, dos católicos ingleses que fueron ejecutados en 1679 durante uno de los períodos más oscuros de la historia religiosa de Inglaterra. Uno era sacerdote jesuita. El otro era un laico comprometido. Ambos compartían una misma convicción: permanecer fieles a la Iglesia Católica costara lo que costara. Y ambos terminaron

Leer más »

Poesía: Tu Reino

Y Tú dijiste, Dios, allá lejano:«Si tu mano te estorba para entrar en mi Reino…»Nos estorba, Señor. Pero el frío puñalnos estremece.No tenemos valor para amputarla. En la sangre llevamosuna fuerza brutal y gritadora. Algo que se resiste.Donde a vecestu sonido se pierde ¡tan sin eco! No es posible, Señor. Si por cobardesconservamos intactos nuestros miembros -por cobardía humana solamente-,de tu Reinose nos cierre la puerta. Nos arrojen.Entrarán muchos cojos, mancos, tuertos…Serán las almas grandes que elegiste.Pero también nosotros, los pequeños,los miedosos y débiles -los tuyos en deseo totalmente-entraremos al fin, aunque llevemosnuestros miembros apenas lesionados. Autora: Elvira Lacaci (1928-1997).

Leer más »