Lema: “Animador… ¿Animas ó… desanimas?” Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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San Aelredo
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Abad (+ 1167) Aelredo o Ailredo nace en Hexham el año 1109, de familia anglosajona. Su padre y su abuelo habían sido párrocos de la localidad. En su primera juventud marchó a la corte de Escocia, donde estuvo al servicio del rey San David I, y en ella desempeñó, pese a su juventud, el cargo de senescal. Mostró en él magníficas cualidades morales y una rectitud que le hizo padecer quejas por parte de quienes querían se aviniera a determinados favoritismos. Evolucionó espiritualmente y decidió cambiar de vida, ingresando el año 1134 en la abadía cisterciense
Redacción

La batalla por el honor
«Quien pierde el honor, ya no puede perder más» Séneca Que somos la generación de lo visual donde la imagen domina el mercado por encima de la palabra es lo que nos han enseñado. De hecho, el marketing mundial se interesa más por la forma de presentar sus productos y servicios, mostrando personas casi perfectas, que por el contenido y la veracidad que pueda haber detrás de cada uno. De este modo, hemos ido entrando en la época donde es más importante el aparentar y persuadir, que la verdad que esconde nuestros actos. Por tanto, el honor se ha convertido
Pbro. Alejandro Morales
Poesía: Stabat Mater
Pensaba en ti, Madrede Dios.Mi corazónrumiabala pulpa de tu Dolor.Sábado Santo. Tarde gris. La calle. Mí alientodeseaba nacerte. Acompañarte.Veía tus dos brazos rodeandoun desmayado cuerpo.Pero erguido tu pecho.Erguido siempre, sin que de tus labios-amoratados, húmedos, resecos-brotarael más leve sonido de protesta.Tú lo aceptabas todo. Hasta a nosotros.Y, al abrazar a Dios, sobre la roca viva del Calvario,me abrazabas a mí. A todas las criaturasque en el momento aquélarrastraban sus pies. Sobre el asfalto. Autora: Elvira Lacaci (1928-1997).
Redacción

El anillo del obispo: signo de fidelidad, alianza y amor a la Iglesia
Entre todas las insignias que recibe un obispo al ser ordenado, quizá ninguna resulta tan cercana y familiar como el anillo episcopal. Lo vemos en su mano cuando bendice. Lo vemos cuando celebra los sacramentos. Y durante siglos fue costumbre que los fieles lo besaran como signo de respeto al ministerio apostólico. Sin embargo, el anillo episcopal es mucho más que una pieza de orfebrería. No es un adorno. No es una joya. No es un símbolo de riqueza. Es el signo visible de una alianza. Una alianza de amor, fidelidad y entrega entre el obispo y la Iglesia que
P. Fredy Aristizábal