Lema: “Animador… ¿Animas ó… desanimas?” Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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Juan Taulero: el predicador del corazón
Hay santos que escribieron grandes tratados de teología. Otros fundaron órdenes religiosas, gobernaron diócesis o realizaron obras extraordinarias. Juan Taulero hizo algo aparentemente más sencillo: habló al corazón de las personas. Sin embargo, precisamente por eso su influencia fue inmensa. Mientras algunos de sus contemporáneos desarrollaban complejas reflexiones teológicas, Taulero aprendió a traducir las verdades más profundas de la vida espiritual a un lenguaje capaz de tocar la existencia concreta de hombres y mujeres comunes. Sus sermones no estaban destinados únicamente a monjes o eruditos. Se dirigían a comerciantes, artesanos, madres de familia, religiosas y trabajadores que intentaban vivir su
P. Fredy Aristizábal

La oración para san Juan Crisóstomo
«Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios ….Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón, que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche» (Hom. 6 sobre la oración). «La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible» (Hom.
Redacción
San Teodosio Cenoblarca
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Fundador (+ 529) Nace en Capadocia alrededor del año 423 y vivió en el siglo hasta la edad de treinta años en que sintió la llamada de la vida monástica y se marchó a Palestina. Aquí se estableció en las cercanías de la ciudad de Belén, de tanta evocación para los cristianos, y fundó un monasterio que por sus peculiaridades se haría bien pronto famoso. Teodosio concebía el monasterio como una pequeña ciudad de Dios en donde la vida comunitaria era el verdadero marco de toda la dedicación del monje a Dios. El monje no sería ya
Redacción

Breve viacrucis cotidiano
Primera estación: Jesús es condenado a muerte. Porque yo también te he juzgado y condenado en mis hermanos o he dejado con mi silencio que otros lo hagan. Perdón, Señor, perdón. Segunda estación: Jesús carga con la cruz. Por las veces que yo he dejado caer la cruz de mis obligaciones diarias y he renegado de la de mis penas y enfermedades. Perdón, Señor, perdón. Tercera estación: Jesús cae por primera vez. Por las ocasiones en las que he tardado tanto en levantarme de mis penas y aflicciones y por todos mis hermanos que ya no se han levantado. Perdón,
P. Fredy Aristizábal