Hay gente que se mueve tan rápido, que parece que no ha aprendido a saborear la vida. Corre sin mirar, come sin degustar, habla sin profundidad, ama por deseo, lee por obligación y viven porque no hay otra opción. Pero en medio de todo, existen algunos, muy pocos diría, que aún conservan una actitud contemplativa, se encantan por el paisaje, disfrutan del cantar de los pájaros, gustan del café y han aprendido a ver bondad donde los otras mirar maldad…