Compartido desde Costa Rica por César Mauricio Lara Bolaños [email protected]
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Nuestra Señora de la Altagracia
Tiene la República Dominicana dos advocaciones marianas: Nuestra Señora de la Merced, proclamada en 1616, durante la época de la colonia, y la Virgen de la Altagracia (imagen de la izquierda), Protectora y Reina del corazón de los dominicanos. Su nombre: «de la Altagracia» nos recuerda que por ella recibimos la mayor gracia que es tener a Jesucristo Nuestro Señor. Ella, como Madre, continua su misión de mediadora unida inseparablemente a su Hijo. Los hijos de Quisqueya la llaman cariñosamente «Tatica, la de Higüey». Existen documentos históricos que prueban que, en el año de 1502, en la Isla de Santo Domingo, ya se
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Santa Isabel Ana Bayley Seton
Por: José María Díaz Fernández | Fuente: Año Cristiano (2002) Viuda (+ 1821) Dos singularidades concurren en Santa Isabel Ana Bayley, viuda Seton: es la primera santa canonizada de la América septentrional y la fundadora de la primera congregación religiosa en la historia de los Estados Unidos. Su figura, además, resulta altamente señera: hija ejemplar, esposa amantísima, madre de cinco hijos, viuda, religiosa, fundadora… Para mayor abundamiento, su limpia trayectoria de fidelidad se divide entre el Anglicanismo (1774-1805) y la Iglesia Católica (1805-1821), lo que le confiere el interés ecuménico puesto de relieve por Juan XXIII cuando su beatificación en Roma el 17 de
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Proevangelio de Santiago (Apócrifo)
Dolor de Joaquín I 1. Consta en las historias de las doce tribus de Israel que había un hombre llamado Joaquín, rico en extremo, el cual aportaba ofrendas dobles, diciendo: El excedente de mi ofrenda será para todo el pueblo, y lo que ofrezca en expiación de mis faltas será para el Señor, a fin de que se me muestre propicio. 2. Y, habiendo llegado el gran día del Señor, los hijos de Israel aportaban sus ofrendas. Y Rubén se puso ante Joaquín, y le dijo: No te es lícito aportar tus ofrendas el primero, porque no has engendrado, en Israel, vástago de
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Las Siete Palabras de Jesús en la Cruz: el último testamento del amor de Dios
La Semana Santa está llena de signos, celebraciones y expresiones de fe que ayudan a los cristianos a contemplar el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Junto a las celebraciones litúrgicas, la Iglesia ha valorado siempre diversas manifestaciones de piedad popular que permiten a los fieles profundizar en los acontecimientos de la salvación. Entre ellas destacan el Vía Crucis, la contemplación del Stabat Mater y una de las meditaciones más conmovedoras de toda la tradición cristiana: las Siete Palabras de Jesús en la Cruz. Esta práctica espiritual invita a detenerse ante el Crucificado y escuchar las últimas
P. Fredy Aristizábal