Las tres leyes de Máximo el Confesor

Hay tres leyes generales: la ley natural, la ley escrita y la ley de gracia. Cada una de ellas tiene sus atributos particulares y recorre su propio camino. La ley natural, cuando el sentido no alcanza a dominar la razón, nos impulsa espontáneamente a acoger a todos los hombres como a parientes nuestros y acudir en socorro de aquellos que se hallan necesitados; nos inspira un querer unánime, de modo que cada uno se sienta dichoso de dar a los otros lo que él mismo desearía recibir. Es lo que ha enseñado el Señor: “aquello que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo vosotros con ellos”. Semejante unanimidad se realiza en aquellos en quienes la naturaleza es gobernada por la razón. Un mismo género de vida, un mismo modo de querer y sentir les hace tomar conciencia de la unidad racional de la naturaleza humana: unidad en la que no existe en manera alguna ese desgarramiento de la naturaleza que resulta actualmente del egoísmo.

En cuanto a la ley escrita, comienza por reprimir los desarreglados impulsos de los insensatos, inspirándoles el miedo de los castigos. Acostumbra al espíritu a considerar la estricta justicia, y viene así con sus rigores en ayuda de la ley natural. Pues por efecto del tiempo la fuerza de la justicia acaba por convertirse en naturaleza, y el valor del bien prevalece poco a poco sobre el temor.

Finalmente el hombre es conducido hasta la caridad, que es la plenitud de la ley… La ley escrita, o mejor la plenitud de la ley escrita no es, pues, otra que la ley natural, que reviste su pleno sentido espiritual por la mutua ayuda social y la cohesión íntima. Por eso está escrito: “ama a tu prójimo como a ti mismo” y no solamente: “compórtate con él como contigo mismo, pues esta segunda fórmula sólo mira al ser del prójimo en las relaciones sociales externas, mientras que la segunda mira al ser del prójimo en las relaciones sociales externas, mientras que la segunda mira a su felicidad espiritual.

Pero la ley de gracias enseña sin intermediario a los que dirige a imitar al mismo Dios; quien por así decir, nos ha amado más que a sí mismo… “No hay mayor amor, nos dice, que el dar la vida por aquellos a quienes se ama”…

En resumen, diremos que la ley de naturaleza no es otra que la razón natural, que subyuga los sentidos para poner coto a la sinrazón que es la que da lugar a división en aquellos que están naturalmente unidos. La ley escrita es todavía esta razón natural que, después de haber eliminado la sinrazón de los sentidos, inspira un deseo espiritual de cohesión entre los miembros de una misma naturaleza. Finalmente, la ley de gracias es una razón que supera la naturaleza y la transforma intrépidamente para su deificación…

Cuestión 64 a Thalassios (P.G. 90, 742-748)

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

«¡Es el Señor!»

Por:  Eloi Leclerc | Fuente: «Id a Galilea»  Al encuentro del Cristo pascual (2006) Antes incluso de que los evangelios fueran redactados, la comunidad cristiana primitiva había captado y expresado el mensaje esencial de la cita galilea, a saber: la identidad fundamental existente entre el Resucitado, Señor de la gloria, y el humilde profeta del reino, Jesús de Nazaret. En la Carta a los Filipenses, que se remonta a los años 50-56, el apóstol Pablo recoge un himno que él mismo ciertamente había aprendido poco después de su conversión, en torno a los años 37-38. Este himno, una de las primeras profesiones de fe cristiana, proclama con fuerza

Leer más »

La escuela mística del Rin: un tesoro poco conocido de la Iglesia

Cuando se habla de los grandes maestros de la espiritualidad cristiana, suelen aparecer nombres familiares: San Agustín, San Benito, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz. Sin embargo, entre esas grandes corrientes espirituales existe una tradición extraordinariamente rica que permanece relativamente desconocida para muchos cristianos de habla hispana. Se trata de la llamada Escuela Mística del Rin. Nacida en las regiones que rodean el río Rin durante los siglos XIII y XIV, esta corriente espiritual produjo algunos de los autores más profundos de toda la historia cristiana. Sus enseñanzas influyeron en generaciones enteras

Leer más »

Beatos Guillermo Repin y Lorenzo Batard

Por:  Biblioteca de Autores Cristianos  | Fuente: Año Cristiano (2002) Prebíteros y mártires (+ 1794) El 19 de febrero de 1984 el Santo Padre Juan Pablo II colocaba en la gloria de los altares a un grupo de noventa y nueve mártires que dieron su vida por la fe en los duros tiempos de la Revolución Francesa. Todos ellos pertenecían a la diócesis de Angers. Encabeza el grupo el sacerdote secular Guillermo Repin que, con otro sacerdote, Lorenzo Bátard, fue guillotinado el 2 de enero 1794. Los otros noventa y siete mártires son: diez sacerdotes seculares, tres religiosas, cuatro varones seglares y el resto mujeres seglares. Detrás de los

Leer más »

¿Por qué a los cistercienses se les llama «monjes blancos»?

Entre las muchas órdenes religiosas de la Iglesia, pocas son tan fácilmente reconocibles como los cistercienses. Durante siglos han recibido un nombre popular que despierta curiosidad: los monjes blancos. Pero ¿de dónde proviene esta denominación? ¿Se trata simplemente del color de su vestimenta o existe detrás un significado más profundo? La respuesta nos conduce a los orígenes mismos de la Orden del Císter. El hábito de los benedictinos Los fundadores del Císter eran monjes benedictinos. La tradición benedictina utilizaba habitualmente hábitos oscuros, especialmente negros. Por ello los benedictinos eran conocidos como los «monjes negros». Cuando Roberto de Molesmes y sus

Leer más »