La Misa Rorate: la hermosa celebración de Adviento iluminada sólo por velas

El Adviento es el tiempo de la espera.

La Iglesia aguarda la llegada del Salvador.

Es el tiempo de las promesas, de la esperanza y de la luz que poco a poco comienza a abrirse paso en medio de la oscuridad.

Entre las tradiciones más bellas de este tiempo litúrgico se encuentra una celebración poco conocida para muchos católicos de hoy: la Misa Rorate.

Quienes han participado alguna vez en ella suelen recordarla durante años.

La oscuridad del templo.

El silencio de la madrugada.

Las velas encendidas.

Y la sensación de estar esperando juntos la llegada de Cristo.

¿Por qué se llama Misa Rorate?

Su nombre proviene de las primeras palabras del antiguo canto de entrada en latín:

Rorate caeli desuper et nubes pluant justum.

Que puede traducirse:

«Cielos, destilad el rocío desde lo alto; nubes, derramad al Justo.»

Estas palabras proceden del libro de Isaías (45,8) y expresan el anhelo del pueblo que espera la llegada del Mesías.

Toda la espiritualidad del Adviento está contenida en esa súplica.

La humanidad espera.

La creación espera.

La historia espera.

Y Dios responde enviando a su Hijo.

Una misa antes del amanecer

La característica más llamativa de la Misa Rorate es el momento en que se celebra.

Tradicionalmente tiene lugar antes del amanecer.

Cuando todavía reina la oscuridad.

Cuando el día aún no ha comenzado.

Esta elección no es accidental.

Posee un profundo significado espiritual.

El Adviento representa la larga espera de la humanidad antes del nacimiento de Cristo.

La oscuridad simboliza el mundo que aguarda la llegada de la Luz.

Por eso la celebración comienza en penumbra.

Y poco a poco, mientras avanza la Eucaristía, aparece la luz del amanecer.

Es una catequesis silenciosa y bellísima.

La noche se retira.

La luz vence.

Cristo llega.

María, la gran protagonista del Adviento

La Misa Rorate es una misa votiva dedicada a la Santísima Virgen María.

Ella es la mujer de la espera.

La que acogió la promesa.

La que creyó cuando todavía no veía.

La que llevó en su seno la Luz del mundo.

Por eso esta celebración ha estado tradicionalmente vinculada a la devoción mariana.

En muchos lugares se coloca junto al altar una vela especialmente adornada que representa a la Virgen María.

Mientras tanto, los fieles sostienen velas encendidas durante la celebración.

La imagen es profundamente evocadora.

María aparece como aquella que guía a la Iglesia hacia Cristo.

La primera discípula.

La primera creyente.

La primera que esperó vigilante la llegada del Salvador.

El lenguaje de las velas

Uno de los aspectos más conmovedores de la Misa Rorate es la presencia de centenares de pequeñas luces en medio de la oscuridad.

Cada fiel sostiene una vela.

Por sí sola ilumina poco.

Pero juntas transforman completamente el templo.

Se trata de un símbolo profundamente cristiano.

La fe nunca es solamente una experiencia individual.

La luz que cada bautizado recibió en su Bautismo está llamada a unirse a la de los demás para iluminar el mundo.

Jesús lo había enseñado claramente:

«No se enciende una lámpara para ponerla debajo de una mesa, sino sobre el candelero para que alumbre a todos.»

La Misa Rorate recuerda precisamente esa vocación.

Ser luz en medio de las tinieblas.

Cuando amanece durante la misa

Quizá el momento más hermoso llega al final.

Mientras la celebración avanza, el sol comienza a aparecer.

La oscuridad desaparece lentamente.

Los vitrales se iluminan.

La iglesia cambia de aspecto.

El nuevo día nace.

Y entonces todo adquiere un significado profundamente cristiano.

La llegada del amanecer recuerda el nacimiento de Cristo.

No es casualidad que Zacarías alabara al Mesías como:

«El Sol que nace de lo alto.»

La luz física se convierte en signo de la luz espiritual que ha venido al mundo.

Una tradición que merece redescubrirse

Durante siglos las Misas Rorate fueron muy populares en numerosos países cristianos.

Se celebraban especialmente los sábados de Adviento, aunque en algunos lugares también durante varios días de la semana.

Con el paso del tiempo esta costumbre disminuyó en muchos lugares.

Sin embargo, en diversas parroquias, monasterios y comunidades sigue conservándose con gran fervor.

Incluso los últimos pontífices han valorado esta tradición.

El papa Francisco recordó que estas celebraciones ayudan a vivir el Adviento con mayor profundidad espiritual.

Y Benedicto XVI evocó con emoción aquellas madrugadas de Adviento iluminadas únicamente por las velas y llenas de la alegría serena de quien espera la Navidad.

Una catequesis hecha celebración

La Misa Rorate demuestra que la liturgia enseña también a través de los signos.

La oscuridad.

Las velas.

El amanecer.

La figura de María.

Todo habla.

Todo anuncia.

Todo prepara el corazón para la Navidad.

Por eso esta antigua tradición sigue conservando una fuerza extraordinaria.

Porque nos recuerda que la vida cristiana consiste, en el fondo, en lo mismo que celebra el Adviento:

esperar vigilantes la llegada de Cristo, la Luz que ninguna oscuridad puede vencer.

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