Dinámicas y técnicas para un taller de liderazgo juvenil. Compartido por Peque Orellana [email protected]
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Las Advocaciones de la Virgen María
Se conoce como advocaciones, a las distintas formas de nombrar o referirnos a la Santísima Virgen. Es común que muchos cristianos, por falta de información o mejor dicho de «formación», confundan esos distintos nombres con distintas santas o «virgencitas», como suelen llamarle. La Madre de Jesús es la Virgen María. Y los católicos solemos llamarla de distintas maneras, según el lugar dónde se halla instalada la devoción, o según la circunstancia, si es una aparición o se la nombra Patrona, etc. De esta manera, encontraremos que llamamos a María como Nuestra Señora del Rosario, Virgen de Lourdes, Virgen de Fátima,
Redacción

¿Qué es una abadía?
Cuando escuchamos la palabra abadía, solemos imaginar un antiguo monasterio rodeado de silencio, con gruesos muros de piedra, campanas que marcan las horas y monjes caminando lentamente por los claustros. Sin embargo, una abadía es mucho más que un edificio histórico. Es una comunidad viva. Es una escuela de oración. Es una familia espiritual. Y, durante muchos siglos, fue uno de los corazones que mantuvieron viva la fe, la cultura y la civilización cristiana. Una palabra que significa paternidad La palabra abadía proviene de la palabra abad. Y la palabra abad procede del arameo abba, que significa: «Padre». Por eso una abadía es, en esencia,
P. Fredy Aristizábal
Poesía: Cada mañana
Cada mañana sales al balcóny oteas el horizontepor ver si vuelvo. Cada mañana bajas saltando las escalerasy echas a correr por el campocuando me adivinas a lo lejos. Cada mañana me cortas la palabra,te abalanzas sobre míy me rodeas con un abrazo redondoel cuerpo entero. Cada mañana contratas la banda de músicosy organizas una fiesta por mípor el ancho mundo. Cada mañana me dices al oídocon voz de primavera:hoy puedes empezar de nuevo. Autor: Patxi Loidi (1929)
Redacción

Regla de san Pacomio
Prefacio de san Jerónimo Por afilada y centelleante que sea una espada, terminará por cubrirse de herrumbre y perder el esplendor de su belleza si permanece durante mucho tiempo en la vaina. Es por esto que, cuando me encontraba afligido por la muerte de la santa y venerable Paula (en esto no obraba yo en contraposición con el precepto del Apóstol, antes bien, aspiraba ardientemente que fuera consolado el gran número de aquellos a quienes su muerte había privado de sostén), acepté recibir los libros que me enviaba el hombre de Dios, el sacerdote Silvano. El mismo los había recibido
Redacción