Cada 15 de septiembre la Iglesia celebra la memoria de Nuestra Señora de los Dolores. Es una jornada en la que los cristianos contemplan a María junto a la Cruz, compartiendo el sufrimiento de su Hijo y permaneciendo fiel cuando casi todos habían huido.
En esta celebración la liturgia ofrece la posibilidad de cantar o recitar una de las composiciones más hermosas de toda la tradición cristiana: el Stabat Mater.
Se trata de una obra que ha inspirado a creyentes, poetas, músicos y artistas durante siglos, convirtiéndose en una de las expresiones más profundas de la espiritualidad mariana.
¿Qué significa Stabat Mater?
El nombre proviene de las primeras palabras del texto latino:
Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat Filius.
Que pueden traducirse así:
Estaba la Madre dolorosa,
llorando junto a la Cruz,
de la que pendía su Hijo.
La escena es sencilla y, al mismo tiempo, conmovedora.
María permanece de pie junto a la Cruz.
No puede evitar el sufrimiento.
No puede impedir la muerte de Jesús.
Pero permanece, ama, acompaña y cree.
Por eso el Stabat Mater no es solamente una poesía sobre el dolor. Es una contemplación del amor fiel que permanece incluso en la noche más oscura.
Una de las grandes secuencias de la liturgia
El Stabat Mater pertenece a un género litúrgico llamado «secuencia».
Las secuencias surgieron en la Edad Media como una prolongación musical del Aleluya. Con el tiempo evolucionaron hasta convertirse en composiciones poéticas independientes que ayudaban a los fieles a profundizar en el misterio celebrado.
Durante siglos existieron centenares de secuencias, pero la reforma litúrgica redujo su número para conservar únicamente las más significativas.
Actualmente la liturgia romana conserva cuatro grandes secuencias:
- Victimae Paschali Laudes para la Pascua.
- Veni Sancte Spiritus para Pentecostés.
- Lauda Sion para la solemnidad del Corpus Christi.
- Stabat Mater para la memoria de Nuestra Señora de los Dolores.
Entre todas ellas, el Stabat Mater ocupa un lugar especial por su profundidad espiritual y su intensa carga contemplativa.
María al pie de la Cruz
El centro del Stabat Mater no es el sufrimiento por sí mismo.
El centro es María.
La Madre que permanece junto a Jesús cuando el dolor alcanza su punto más alto.
Mientras muchos abandonan al Maestro, ella permanece.
Mientras el mundo contempla un fracaso, ella sigue creyendo.
Mientras todo parece terminar, ella continúa esperando.
La secuencia invita al creyente a colocarse espiritualmente junto a María y a contemplar con sus ojos el misterio de la Cruz.
No se trata de observar desde lejos.
Se trata de participar.
De aprender a amar como ella amó.
De aprender a permanecer como ella permaneció.
Un texto que inspiró a los grandes compositores
La belleza del Stabat Mater ha trascendido ampliamente el ámbito litúrgico.
A lo largo de los siglos numerosos compositores han puesto música a sus versos.
Entre ellos destacan:
- Pergolesi
- Vivaldi
- Palestrina
- Scarlatti
- Haydn
- Rossini
- Dvořák
- Liszt
- Verdi
- Karl Jenkins
- Marco Frisina
- Kiko Argüello
Cada uno encontró en estos versos una fuente inagotable de inspiración artística y espiritual.
Por eso el Stabat Mater no sólo pertenece a la historia de la liturgia, sino también a la historia universal de la música sacra.
Una escuela para aprender a sufrir con esperanza
Quizá la actualidad del Stabat Mater radica en que habla de una experiencia universal: el dolor.
Todos conocemos el sufrimiento.
Todos hemos experimentado pérdidas, heridas o momentos de oscuridad.
María no elimina el sufrimiento.
Pero nos enseña a atravesarlo.
Nos muestra que incluso en medio del dolor es posible permanecer junto a Cristo.
Por eso esta secuencia sigue emocionando a generaciones enteras.
Porque no habla únicamente del sufrimiento de María.
Habla también de nuestras propias cruces.
Y nos recuerda que quien permanece junto a Cristo crucificado descubre que la última palabra nunca la tiene el dolor, sino el amor.
Un canto para contemplar el misterio
Cada vez que la Iglesia recita o canta el Stabat Mater, vuelve espiritualmente al Calvario.
Se coloca junto a María.
Mira la Cruz.
Contempla al Redentor.
Y aprende que la verdadera esperanza no consiste en evitar el sufrimiento, sino en descubrir que Dios permanece presente incluso en medio de él.
Por eso, más que una simple composición poética, el Stabat Mater es una oración.
Una escuela de contemplación.
Y una de las joyas más preciosas de la tradición litúrgica de la Iglesia.


