Poesía: La Biblia

Yo he leído ese libro misterioso
que por el mismo cielo fué dictado;
del Profeta y del Ángel he escuchado
de nube en nube retronar la voz.
He asistido al festín de las ciudades,
y de sus copas al hirviente ruido,
he escuchado el horrísono chasquido
de las llamas coléricas de Dios.

Mas ni el Ángel, ni el fuego, ni el Profeta
han dejado un recuerdo en mi memoria,
como una triste y dolorosa historia
que vive en ese Libro inmemorial.
Es la historia de un NIÑO que en el cielo
durmió el sueño primero de la vida,
y al abrazar una ilusión querida,
despertó en este valle terrenal.

Mas despertó en los brazos cariñosos
de una Virgen purísima y divina,
hermosa cual la estrella matutina,
más pura que el radiante serafín.
Cada letra del nombre de esa Virgen
es en el cielo un canto, una armonía:
la tierra misma al pronunciar MARIA
exhala el dulce aroma del jazmín.

A ese nombre Luzbel en sus abismos
tiembla… ve el cielo y brilla suspendida
en su pupila cárdena, encendida,
una lágrima hirviente de dolor.
Porque ese nombre lo llevó en la tierra
una mujer que alimentó en su seno
al Dios que guarda entre la nube el trueno,
el relámpago, el rayo abrasador.

Del sagrado Jordán las aguas puras,
de aquel NIÑO la imagen retrataron;
sus playas solitarias escucharon
el beatífico nombre de Enmanuel,
a esa voz se inclinaron con respeto
los árboles del bosque y las montañas;
y del Jordán las olvidadas cañas
humillaron su rústico dosel.

Aquel NIÑO creció… Mas unos hombres
le escupieron el rostro y le mofaron,
y en sus hombros sagrados colocaron
una pesada y vergonzosa cruz.
Él la llevó hasta el Gólgota bendito,
y en ella con furor le suspendieron,
y de espinas, sacrílegos, ciñeron
la sien del genio que formó la luz.

La MADRE estaba allí.., y en su abandono
la salpicó la sangre del Calvario…
¿Quién enjugó sus llantos? El sudario,
prenda de amor del NIÑO que perdió…
La MADRE estaba allí.. . Flor solitaria
que brota en la maleza del desierto,
y que cierra su cáliz entreabierto,
cuando huye el sol que su calor le dio.

Sí; ni el Ángel, ni el Santo, ni el Profeta
han dejado un recuerdo en mi memoria,
como la triste y dolorosa historia
que vive en ese Libro inmemorial.
Los siglos rugirán sobre las torres
que levanta a las nubes el orgullo;
mas su potente y colosal murmullo
respetará esa página inmortal.

Autor: Abigael Lozano (1821-1866)

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

Carta de san Ignacio de Antioquía a los trallanos

Ignacio, llamado también Teóforo, a la que es amada por Dios el Padre de Jesucristo; a la santa iglesia que está en Tralles de Asia, elegida y digna de Dios, teniendo paz en la carne y el espíritu por medio de la pasión de Jesucristo, que es nuestra esperanza por medio de nuestra resurrección en Él; iglesia a la cual yo saludo también en la plenitud divina según la forma apostólica, y le deseo abundantes parabienes. I. He sabido que tenéis una mente intachable y sois firmes en la paciencia, no como hábito, sino por naturaleza, según me ha informado

Leer más »

San José Vaz

Por: J. I. González Villanueva, OSB | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero y misionero (+ 1711) La vocación especial del misionero «se manifiesta en el compromiso total al servicio de la evangelización; se trata de una entrega que abarca a toda la persona y toda la vida del misionero, exigiendo de él una donación sin límites de fuerzas y de tiempo». Estas palabras de Juan Pablo II en la Redemptoris missio (n.65) se cumplen perfectamente en San José Vaz y a él se las aplicó en el decreto de beatificación. La figura del padre José Vaz es la de un hombre capaz de ser un verdadero cristiano

Leer más »
candle near the altar

¿Anunciamos realmente la muerte del Señor? El desafío escondido en cada Eucaristía

¿Anunciamos realmente la muerte del Señor? Hay frases que repetimos tantas veces que corren el riesgo de volverse invisibles. Una de ellas resuena en cada Eucaristía después de la consagración: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!» La pronunciamos de memoria. La escuchamos domingo tras domingo. Y, sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en la profundidad de estas palabras. No son una simple respuesta litúrgica. Son una profesión de fe. Son un resumen del Evangelio. Y también una llamada a la coherencia. Anunciamos tu muerte La fe cristiana no es una ideología ni una filosofía moral.

Leer más »

Poesía: Buscate en mí

Alma, buscarte has en Mí,Y a Mí buscarme has en ti. De tal suerte pudo amor,Alma, en Mí te retratar,Que ningún sabio pintorSupiera con tal primorTal imagen estampar. Fuiste por amor criadaHermosa, bella, y ansíEn mis entrañas pintada,Si te pierdes, mi amada,Alma, buscarte has en Mí. Que Yo sé que te hallarásEn mi pecho retratadaY tan al vivo sacada,Que si te ves te holgarásViéndote tan bien pintada. Y si acaso no supieresDónde me hallarás a Mí,No andes de aquí para allí,Sino, si hallarme quisieresA Mí, buscarme has en ti. Porque tú eres mi aposento,Eres mi casa y morada,Y ansí llamo

Leer más »