El Espíritu de la liturgia

Por: Jesús Luengo Mena | Fuente: la-liturgia.blogspot.com

En primer lugar tendría que decir que, si importante es hacer las cosas bien más importante es saber el sentido que tiene, vivirlas. Toda la Liturgia está llena de símbolos y gestos que pretenden acercarnos al contenido, que significan algo y que no se hacen por capricho. Lejos de mi intención pensar que la Liturgia es una serie de actos y ceremonias como algunas personas podrían pensar. En la acción litúrgica no estamos ante una representación o función teatral donde el incienso equivaldría a los llamados “efectos especiales”. La Liturgia es ante todo el ejercicio del sacerdocio de Cristo y mediante los actos litúrgicos Cristo se hace de nuevo presente entre nosotros. No cabe duda de que la liturgia actual, fruto de una evolución histórica, recoge elementos que nos ponen en comunión con generaciones pasadas de cristianos.

Pero si los actos litúrgicos no son un teatro es porque encierran una pedagogía, mejor llamada una mistagogía que no se debe despreciar o infravalorar. Me apena comprobar como existe una amplia corriente dentro del clero que demuestra escaso aprecio a la Liturgia y que con el pretexto de “lo pastoral” desaprovechan las riquísimas oportunidades que ofrece la Liturgia para catequizar. Es más, yo afirmaría que no hay mejor pastoral que una Liturgia bien hecha, rica y participativa tal como el Vaticano II en la Sacrosanctum Concilium dispone. En definitiva, la liturgia de la cual forma parte el culto no es más que la historia de los acontecimientos salvíficos y el ejercicio del sacerdocio de Cristo. En ningún caso debe considerarse la liturgia ni como la parte externa y sensible del culto divino ni como un conjunto de leyes y preceptos que reglamentan los ritos sagrados. El escaso aprecio que a veces se detecta en algunos sectores del clero y de los fieles por la Sagrada Liturgia entiendo que se debe a la falta de asimilación de lo que en realidad significa la acción litúrgica, queriendo, con excusas de tipo pastorales u otras más peregrinas referidas a la libertad y creatividad, escamotear a los fieles el derecho que tenemos a que se respeten sus signos y sus significados universales.

La liturgia, que emplea un lenguaje simbólico, se vale de fórmulas litúrgicas (lecturas bíblicas, salmos, letanías, cánticos, doxologías, himnos, colectas, etc), de materias litúrgicas (pan, vino, agua, sal aceite, ceniza, fuego, cera, ramos de flores, incienso) y de actitudes y gestos (postraciones, genuflexiones, imposición de manos, señal de la cruz, elevación de manos, etc). Todos estos elementos tienen detrás un significado profundo, nada se hace por capricho.

Una adecuada formación al cuerpo de acólitos implica conocimientos básicos de Liturgia. Es fácil encontrar a hermanos de nuestras cofradías e incluso acólitos que no tienen muy clara las partes de la Misa como detecto en las charlas que imparto. Probemos a hablar de la oración colecta, plegaria eucarística u otra oración y veremos que hay muchas dificultades para situarlas dentro de la Misa. Ritos iniciales, Liturgia de la Palabra, Liturgia eucarística y ritos finales de despedida son partes que se deben conocer con exactitud. Después vendría explicar el significado de lo que se hace y por qué.

El incienso, resina de olor agradable, expresa respeto y reverencia hacía un símbolo y es asimismo ofrenda de los creyentes para con Dios. Durante la Misa las incensaciones se dirigen a los símbolos sacramentales de la presencia del Señor: altar, cruz, evangelio, presidente, asamblea (pueblo de Dios), al Pan y al Vino consagrados.

La luz que producen las velas de los ciriales son signos de respeto, como expresión de veneración o de celebración festiva nos dice el Misal. Las tinieblas son signos de error, de esclavitud.

La inclinación indica reverencia y honor a las personas o a lo que representan y puede ser de dos tipos: inclinación de cabeza e inclinación de cuerpo o profunda que se hace desde la cintura. La inclinación de cabeza se le hace al nombre de Jesucristo, de la Virgen y del santo en cuyo honor se celebra la Misa. Se debe hacer reverencia profunda en el Credo o Símbolo al iniciarse las palabras “ Y por obra del Espíritu Santo…” arrodillándonos si es la Solemnidad de Navidad o la fiesta de la Anunciación del Señor. Asimismo la bendición presidencial que concluye la Misa se debe recibir con inclinación de cabeza.

La inclinación de cuerpo o reverencia profunda se le hace al altar cuando no está allí el Santísimo; también se debe hacer inclinación profunda cada vez que se sirva al obispo o se pase por delante de él; se hace antes y después de las incensaciones y en algunas otras ocasiones en que está dispuesto. Deben hacer inclinación profunda al altar que simboliza a Cristo y no al sacerdote, como equivocadamente se hace a veces, todas aquellas las personas que suban al presbiterio para realizar alguna función como por ejemplo los lectores o los que van a hacer las peticiones de la Oración Universal de los Fieles, que vulgarmente llamamos preces, tanto al llegar como al marcharse. Igualmente los acólitos cuando, una vez dejado los ciriales en el sitio adecuado, se retiran a sus sitios y asimismo cuando vayan de nuevo a por ellos. Aprovechamos para reiterar que los acólitos que portan algo en las manos (por ejemplo los ciriales) deben abstenerse de genuflexiones y reverencias.

La genuflexión se hace siempre con la rodilla derecha llevándola hasta el suelo y significa adoración. Por ser signo de adoración está reservada al Santísimo Sacramento y a la Santa Cruz en la liturgia del Viernes Santo. No se debe hacer genuflexión a imágenes y mucho menos si son de santos o marianas por mucha devoción que las tengamos.

En definitiva, que los actos externos deben responder al sentimiento interno. Termino con una cita del papa emérito, Benedicto XVI: “La verdadera formación litúrgica no puede consistir en el aprendizaje y ensayo de las actividades exteriores, sino en el acercamiento a la actio esencial, que constituye la liturgia, en el acercamiento al poder transformador de Dios que, a través del acontecimiento litúrgico, quiere transformarnos a nosotros mismos y al mundo. Claro que, en este sentido, la formación litúrgica actual de los sacerdotes y de los laicos tiene un déficit que causa tristeza. Queda mucho por hacer”. 

BIBLIOGRAFÍA:
ALDAZABAL, José, Gestos y Símbolos, Centre de Pastoral Litúrgica, Dossier CPL nº 40, Barcelona, 1997.
LUENGO MENA, Jesús, Los cultos en las Cofradías de Sevilla. Manual de Liturgia para cofrades, Marsay Ediciones, Sevilla, 2001. 
RATZINGER, Joseph, El espíritu de la Liturgia. Una introducción, Ediciones Cristiandad, 2001.

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