La cruz pectoral del obispo: llevar a Cristo sobre el corazón

Entre las insignias que distinguen a un obispo hay una que suele pasar desapercibida porque estamos acostumbrados a verla.

La lleva colgada sobre el pecho.

Aparece en las fotografías.

Está presente en las celebraciones litúrgicas.

Y acompaña al obispo prácticamente en todo momento.

Es la cruz pectoral.

A primera vista parece simplemente una cruz más grande que las que suelen llevar muchos cristianos.

Pero su significado es inmensamente profundo.

La cruz pectoral no habla del obispo.

Habla de Cristo.

Y recuerda continuamente que el corazón de todo ministerio en la Iglesia es la Cruz.

Una cruz sobre el corazón

La palabra «pectoral» proviene del latín pectus, que significa pecho.

No es un detalle menor.

La cruz no se lleva en cualquier lugar.

Se lleva sobre el corazón.

La Iglesia quiere recordar así que el obispo debe tener siempre a Cristo crucificado en el centro de su vida.

No sólo en sus labios.

No sólo en su enseñanza.

No sólo en sus decisiones.

En su corazón.

Porque nadie puede anunciar auténticamente a Cristo si antes no ha permitido que Cristo habite en su interior.

El primer deber del obispo

Muchas personas piensan que el obispo es, ante todo, un administrador.

Otras lo ven principalmente como un gobernante.

Sin embargo, la tradición cristiana afirma algo diferente.

El obispo es, antes que nada, un testigo de Cristo.

Por eso la cruz pectoral le recuerda constantemente cuál es el centro de su misión.

No anunciarse a sí mismo.

No promover sus propias ideas.

No buscar protagonismo.

Sino anunciar a Jesucristo crucificado y resucitado.

San Pablo lo expresó de forma contundente:

«Nosotros predicamos a Cristo crucificado» (1 Co 1,23).

La cruz pectoral es una traducción visible de esa afirmación.

La cruz que debe cargar

Jesús dijo:

«El que quiera seguirme, que tome su cruz cada día y me siga» (Lc 9,23).

Estas palabras valen para todos los cristianos.

Pero tienen una resonancia especial para quienes han recibido una responsabilidad pastoral.

La cruz pectoral recuerda al obispo que su ministerio no consiste solamente en recibir honores o reconocimientos.

Consiste también en cargar responsabilidades.

Preocupaciones.

Sacrificios.

Sufrimientos.

Como Cristo Buen Pastor, está llamado a dar la vida por el rebaño.

Los antiguos relicarios

Durante siglos muchas cruces pectorales contenían reliquias de santos en su interior.

Algunas todavía las conservan.

Esto añadía un simbolismo extraordinario.

El obispo no sólo lleva la Cruz de Cristo.

También lleva consigo el testimonio de quienes siguieron fielmente a Cristo hasta la santidad.

La cruz se convertía así en un recordatorio de la comunión de los santos y de la llamada universal a la santidad.

La diferencia con otras cruces

Muchos sacerdotes y fieles llevan cruces o crucifijos.

Entonces, ¿qué distingue la cruz pectoral episcopal?

Principalmente su carácter de insignia pastoral.

No es una joya personal.

Forma parte de los signos propios del ministerio episcopal.

Por eso suele ser entregada durante la ordenación del obispo junto con el anillo, la mitra y el báculo.

Cada una de estas insignias expresa una dimensión distinta de su misión.

La cruz pectoral señala la más importante de todas:

permanecer unido a Cristo.

Una advertencia silenciosa

Existe además un aspecto que pocas veces se menciona.

La cruz pectoral es también una advertencia.

Cada vez que el obispo se reviste, la cruz le recuerda que debe parecerse a Cristo.

No sólo en la autoridad.

También en la humildad.

No sólo en el gobierno.

También en el servicio.

No sólo en la enseñanza.

También en la entrega.

La verdadera autoridad cristiana nace siempre del amor sacrificado.

La Cruz es la prueba de ello.

El corazón del ministerio episcopal

Si la mitra habla de la misión de enseñar.

Si el báculo habla de la misión de pastorear.

Si el anillo habla de la fidelidad a la Iglesia.

La cruz pectoral habla del fundamento de todo lo demás.

Sin Cristo no hay Iglesia.

Sin la Cruz no hay Evangelio.

Sin amor sacrificado no existe auténtico ministerio.

Por eso la cruz ocupa el lugar más cercano al corazón.

La verdadera cruz pectoral

San Carlos Borromeo, uno de los grandes obispos de la historia, afirmaba que el pastor debe llevar grabada la imagen de Cristo crucificado en lo más profundo de su alma.

Esa es la verdadera cruz pectoral.

La que no está hecha de oro, plata o piedras preciosas.

La que está hecha de amor.

De fidelidad.

De entrega.

De identificación con Cristo.

Cada vez que vemos a un obispo llevando la cruz pectoral, la Iglesia nos invita a mirar más allá del objeto.

Nos invita a contemplar a Aquel que murió y resucitó por nosotros.

Porque la cruz pectoral no pretende llamar la atención sobre el obispo.

Pretende señalar a Cristo.

Y recordarnos que el centro de la vida cristiana sigue siendo el mismo desde hace dos mil años:

la Cruz gloriosa del Señor.

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

Evangelio de la Natividad de María (Apócrifo)

Prefacio El suave requerimiento que me dirigís reclama de mí un trabajo relativamente fácil, pero penoso en grado sumo, por las cuidadosas precauciones que hay que tomar contra el error. Me pedís, en efecto, que ponga por escrito lo que haya encontrado en diversas fuentes sobre la vida y la natividad de la bienaventurada Virgen María hasta su incomparable parto y hasta los primeros momentos del Cristo, empresa poco difícil de ejecutar, pero singularmente presuntuosa, como os digo, por los peligros a que expone a la verdad. Porque lo que de mí exigís, hoy que las canas blanquean mi cabeza,

Leer más »

Meditación para el Jueves Santo del papa Benedicto XVI

La Pascua judía era y sigue siendo una fiesta familiar. No se celebraba en el templo, sino en la casa. Ya en el Éxodo, en el relato de la noche oscura en que tiene lugar el paso del ángel del Señor, aparece la casa como lugar de salvación, como refugio. Por otra parte, la noche de Egipto es imagen de las fuerzas de la muerte, de la destrucción y del caos, que surgen siempre de las profundidades del mundo y del hombre y amenazan con destruir la creación «buena» y con transformar el mundo en desierto, en lugar inhabitable. En

Leer más »

Beata María Ana Sureau Blondín

Por:  José Luis Repetto Betes  | Fuente: Año Cristiano (2002) Virgen (+ 1890) Francia no fue al Canadá solamente por el afán de un imperio, por tener también parte en las nuevas tierras americanas. La Iglesia francesa, que también es Francia, fue a Canadá al lado de los conquistadores y pobladores con un afán netamente espiritual: acompañar religiosamente a los franceses desplazados a la colonia y extender el evangelio a los nativos de aquella tierra. La Corona francesa, es justicia decirlo, no solamente fue sensible a los intereses materiales sino también a los espirituales. Fruto de este afán espiritual fue la floración de obispados, parroquias y casas religiosas en Canadá

Leer más »

San Canuto Lavard

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Mártir (+ 1137) No debe confundirse este santo con su tío San Canuto IV de Dinamarca. Este santo era hijo del rey Erico de Dinamarca, llamado el Bueno. Se le otorgó el ducado de Schleswig por su tío el rey Niels de Dinamarca, con la misión de defender el sur de Dinamarca del ataque de los vendos. Hubo también de luchar y no poco contra los piratas vikingos. Persona de vida recta y de sincera religiosidad, apoyó la labor evangelizadora de San Vicelino (f 1154) que se había propuesto atraer a los vendos

Leer más »