Trabajo de Grado para optar al Título de Magíster en Educación, Mención Procesos de Aprendizaje. Universidad Católica Andrés Bello. Realizado por Néstor Alberto Briceño Lugo, sds.
Otros artículos interesantes para ti...

He aquí el madero de la cruz. Meditaciones para el Viernes Santo.
1. «Mirarán al que traspasaron». Con estas palabras cierra el evangelista Juan su exposición de la pasión del Señor; con estas palabras abre la visión de Cristo en el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, que deberíamos llamar «revelación secreta». Entre esta doble cita de la palabra profética veterotestamentaria se halla distendida toda la historia: entre la crucifixión y la vuelta del Señor. En estas palabras se habla, simultáneamente, del anonadamiento del que murió en el Gólgota como un ladrón, y de la fuerza del que vendrá a juzgar al mundo y a nosotros mismos. «Mirarán al que traspasaron».
Redacción

Enrique Seuse: el trovador de la Sabiduría Divina
Algunos santos enseñaron la fe mediante grandes tratados de teología. Otros lo hicieron mediante la predicación, la fundación de comunidades o el servicio a los pobres. Enrique Seuse eligió otro camino. Cantó el amor de Dios. Sus escritos están llenos de imágenes, diálogos, símbolos y expresiones de ternura espiritual que recuerdan más a un poeta enamorado que a un profesor universitario. Por eso la tradición lo ha llamado a veces el trovador de la Sabiduría Divina. Pero detrás de esa sensibilidad poética se encuentra uno de los más profundos maestros espirituales de la Edad Media. Su vida fue una búsqueda
P. Fredy Aristizábal

El amor herido: la espiritualidad de las beguinas
Existe una pregunta que atraviesa toda la historia de la espiritualidad cristiana. ¿Cómo ama el ser humano a Dios? Muchos santos han intentado responderla. Algunos lo hicieron mediante tratados teológicos. Otros mediante sermones, cartas o comentarios bíblicos. Las beguinas respondieron de una manera diferente. Hablaron del amor. Pero no de un amor cómodo. No de un amor sentimental. No de una emoción pasajera. Hablaron de un amor tan profundo que transforma toda la existencia. Un amor que llena de alegría y al mismo tiempo hiere. Un amor que consuela y exige. Un amor que acerca a Dios y, paradójicamente, hace
P. Fredy Aristizábal

Nuestra Señora Aparecida
Corre el año 1716 cuando, en el río Paraíba, tres pescadores trataban de ganarse la vida, pero no conseguían pesca. Fue entonces que alzaron de las aguas con sus redes una hermosa figura de terracota de Nuestra Señora de la Concepción. Una vez colocada la imagen en su canoa, la pesca fue tan abundante, que aquellos hombres regresaron a puerto llenos de temor, porque su frágil embarcación parecía hundirse, incapaz de sostener el enorme peso de la pesca. No se sabe cómo la pequeña imagen de solo 36 centímetros fue a parar al río, pero sí se conoce a su autor,
Redacción