Tomado del Boletín 291, Diócesis de San Juan de los Lagos, Jalisco, México.
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La Virgen de la Medalla Milagrosa
El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Santísima se apareció a Santa Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina, y se le apareció de esta manera. La Virgen venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la cruz, Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra. María Santísima dijo entonces a Sor Catalina: «Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre.
Redacción

Una soledad habitada y fecunda
«Y acostándose bajo el enebro, se durmió; y he aquí, un ángel lo tocó y le dijo: Levántate, come». 1Re 19,5 Ante una situación como la que vivimos actualmente es normal que, debido al confinamiento, y al pasar los días, nos sintamos cada vez más solos. Hemos sido tentados al peligro de sentirnos incompletos solo porque ahora no podemos reunirnos con todas aquellas personas que solíamos vernos. Sin embargo, nunca había sido necesario una cuarentena para que experimentemos la soledad. No hacía falta que nos dijeran que debemos de estar confinados, en familia o sin nadie, para que en nuestro
Pbro. Alejandro Morales
San Pedro de Capitolías
Por: Bernardino Llorca, SI | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero y mártir (+ 713) Pedro era un sacerdote de rito bizantino, casado y con tres hijos, un varón y dos hijas. La ciudad donde ejercía su ministerio era Capitolías, a treinta kilómetros del Lago de Tiberíades y unos cien de Damasco. Sentía la vocación a la vida eremítica y trató el asunto con su esposa, la cual estuvo de acuerdo en que él siguiera su inclinación. Las dos hijas fueron colocadas para su educación en el monasterio San Sabiniano, y la mujer quedó al cargo del hijo. Pero cuando éste cumplió los doce años, el padre
Redacción
Poesía: Oh Cristo
Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor;ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustiasin que yo me angustie y llore;ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias,¡oh Cristo! En vano busco en los hondos escondrijos de mi serpara encontrar algún odio: nadie puede herirme yasino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos,¡oh Cristo! ¡Qué importan males o bienes! Para mí todos son bienes.El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas.¿Rosas de Pasión? ¡Qué importa! Rosas de celeste esencia,purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros,¡oh Cristo! Autor: Amado
Redacción