Tomado del Boletín 291, Diócesis de San Juan de los Lagos, Jalisco, México.
Otros artículos interesantes para ti...

Beato Timoteo Giaccardo
Por: José Ma. Díaz Fernández | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero (+1948) Su nombre de bautismo fue José, hijo de Esteban y María Giaccardo, aparceros, nacido el 13 de junio de 1896 en la alquería de Battaglione, perteneciente a Narzole (provincia de Cuneo: y diócesis de Alba), y bautizado el mismo día. ¿Por qué, entonces, el nombre de Timoteo? Lo asumió bastantes años después, al integrarse en la Sociedad de San Pablo, fundada por Don Alberione: pasó a llamarse Timoteo, como el discípulo predilecto del Apóstol, con todas las consecuencias de la entrega absoluta a la evangelización de la sociedad del siglo
Redacción
San Aelredo
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Abad (+ 1167) Aelredo o Ailredo nace en Hexham el año 1109, de familia anglosajona. Su padre y su abuelo habían sido párrocos de la localidad. En su primera juventud marchó a la corte de Escocia, donde estuvo al servicio del rey San David I, y en ella desempeñó, pese a su juventud, el cargo de senescal. Mostró en él magníficas cualidades morales y una rectitud que le hizo padecer quejas por parte de quienes querían se aviniera a determinados favoritismos. Evolucionó espiritualmente y decidió cambiar de vida, ingresando el año 1134 en la abadía cisterciense
Redacción
Beato Ambrosio Fernández
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Nació en Sisto, diócesis de Porto, en Portugal. Como tantos otros de su tiempo, decidió al ser adulto viajar al Oriente en busca de fortuna y para ello se embarcó hacia Japón, a donde llegó luego de haber padecido en el mar una terrible tempestad que puso a todos los navegantes en serio peligro de perder la vida. Aquello sirvió para que Ambrosio se preguntase por el sentido de la vida y se cuestionase en qué la estaba empleando, pareciéndole de poco resultado gastarla en buscarse bienes terrenales, que en cualquier momento se
Redacción

La oración para san Agustín de Hipona
«Vete al Señor mismo, al mismo con quien la familia descansa, y llama con tu oración a su puerta, y pide, y vuelve a pedir. No será El como el amigo de la parábola: se levantará y te socorrerá; no por aburrido de ti: está deseando dar; si ya llamaste a su puerta y no recibiste nada, sigue llamando que está deseando dar. Difiere darte lo que quiere darte para que más apetezcas lo diferido; que suele no apreciarse lo aprisa concedido» (Sermón 105). «Vergüenza para la desidia humana. Tiene El más ganas de dar que nosotros de recibir; tiene más
Redacción