Tomado del Boletín 291, Diócesis de San Juan de los Lagos, Jalisco, México.
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Poesía: Oh Cristo
Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor;ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustiasin que yo me angustie y llore;ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias,¡oh Cristo! En vano busco en los hondos escondrijos de mi serpara encontrar algún odio: nadie puede herirme yasino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos,¡oh Cristo! ¡Qué importan males o bienes! Para mí todos son bienes.El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas.¿Rosas de Pasión? ¡Qué importa! Rosas de celeste esencia,purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros,¡oh Cristo! Autor: Amado
Redacción

El Papa Francisco nos enseña qué es la obstinación y qué hacer ante ella
El Papa Francisco nos recuerda que Jesús callaba ante toda suerte de acusaciones injustificadas que buscaban llevarle a la Cruz, sí, Él callaba y oraba, y de esta manera llevó a cabo su salvación para el hombre: “delante al espíritu de obstinación solamente el silencio.
Pbro. Mauricio Montoya Vásquez
Poesía: Quiero creer
Porque, Señor, yo te he vistoy quiero volverte a verquiero creer. Te vi, sí, cuando era niñoy en agua me bauticé,y, limpio de culpa vieja,sin verlos te pude ver.Quiero creer. Devuélveme aquellas purastransparencias de aire fiel,devuélveme aquellas niñasde aquellos ojos de ayer.Quiero creer. Limpia mis ojos cansados,deslumbrados del cimbel,lastra de plomo mis párpadosy oscurécemelos bien.Quiero creer. Ya todo es sombra y olvidoy abandono de mi ser.Ponme la venda en los ojos.Ponme tus manos también.Quiero creer. Tú que pusiste en las flores rocío,y debajo miel,filtra en mis secas pupilasdos gotas frescas de fe.Quiero creer. Porque, Señor, yo te he vistoy quiero
Redacción

Las tres leyes de Máximo el Confesor
Hay tres leyes generales: la ley natural, la ley escrita y la ley de gracia. Cada una de ellas tiene sus atributos particulares y recorre su propio camino. La ley natural, cuando el sentido no alcanza a dominar la razón, nos impulsa espontáneamente a acoger a todos los hombres como a parientes nuestros y acudir en socorro de aquellos que se hallan necesitados; nos inspira un querer unánime, de modo que cada uno se sienta dichoso de dar a los otros lo que él mismo desearía recibir. Es lo que ha enseñado el Señor: “aquello que queráis que hagan los
Redacción