El Santísimo Nombre de Jesús

Por:  Cristina Huete García | Fuente: Hagiopedia

El Santísimo Nombre de Jesús, a cuyo solo nombre toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en el abismo, para gloria de la Divina Majestad.

«Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). El nombre se imponía a los niños hebreos, a los 8 días de su nacimiento, por medio de la circuncisión, realizada, la mayor parte de las veces por el padre de familia. Si contamos los días desde el nacimiento de Jesús (25 de diciembre) ocho días después sería el 3 de enero, por ello se ha puesto esta fecha como memoria litúrgica del Santísimo Nombre de Jesús.

El nombre de Jesús nos recuerda todo lo que está simbolizado en él: «Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre» (Flp 2,10-11), que es la cita evocada en el elogio del Martirologio. «Hablando de él, nos sentimos iluminados; pensando en él, recibimos el alimento de nuestras almas; invocándole, encontramos la paz», decía san Bernardo de Claraval, uno de los hombres que han hablado más sentida y profundamente del nombre de Jesús.

«IHS«: monograma del nombre de Jesucristo. Desde el principio de la cristiandad, la “nomina sacra (nombre sagrado) de Iesous Christos” (Jesucristo) se abrevia de varias formas.

Las tres primeras letras de la palabra «Jesús» en griego son: IHC. Estas se transliteraron al latín como IHS. Sentido latino:  «I»: Iesus (Jesús), «H»: Hominum (de los hombres), «S»: Salvator» (Salvador) =  Jesús, Salvador de los hombres.  Aunque esta no representa el significado original griego, felizmente se refiere y honra al mismo Jesucristo.

El Santísimo Nombre de Jesús fue siempre honrado y venerado en la Iglesia desde los primeros tiempos. El Concilio de Lyon prescribió en 1274 una devoción especial al nombre de Jesús, y el papa Gregorio X comisionó especialmente a la Orden de Predicadores para propagarla, pero sólo en el siglo XIV comenzó el culto litúrgico. San Benardino, ayudado por sus cohermanos, sobre todo de los beatos Alberto de Sarteano y Benardino de Feltré, difundió con gran fervor tal devoción que finalmente fue instituida como fiesta litúrgica. En el 1530 el papa Clemente VII autorizó a la Orden franciscana recitar el Oficio del Santísimo Nombre de Jesús. En 1721, se convirtió en fiesta universal de la Iglesia de occidente; pero pocos años después, la comisión encargada de la reforma del Breviario recomendó al Papa Benedicto XIV que la suprimiera del calendario general. San Juan Pablo II ha instituido el 3 de Enero el día de la memoria facultativa en el Martirologio Romano.

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