¿Qué pueden enseñarnos hoy las beguinas? Una espiritualidad para tiempos de ruido

Cuando pensamos en la Edad Media solemos imaginar un mundo muy lejano del nuestro.

Castillos.

Monasterios.

Ciudades amuralladas.

Peregrinos.

Caballeros.

Una sociedad que parece no tener nada que ver con la vida contemporánea.

Sin embargo, ocurre algo curioso cuando leemos a las grandes beguinas.

A pesar de los siglos que nos separan de ellas, muchas de sus preguntas se parecen extraordinariamente a las nuestras.

Ellas buscaban sentido en medio de un mundo cambiante.

Nosotros también.

Ellas luchaban por encontrar espacios de silencio en una sociedad cada vez más compleja.

Nosotros también.

Ellas deseaban una relación auténtica con Dios más allá de las apariencias religiosas.

Nosotros también.

Quizá por eso las voces de Hadewijch, Beatriz de Nazaret, Matilde de Magdeburgo y Margarita Porete resultan sorprendentemente actuales.

No porque tengan respuestas mágicas para nuestros problemas.

Sino porque nos recuerdan algunas verdades fundamentales que hemos olvidado.

El valor de la interioridad

Vivimos rodeados de estímulos.

Las pantallas nos acompañan desde que despertamos hasta que nos acostamos.

Las noticias se actualizan constantemente.

Las redes sociales compiten por nuestra atención.

La publicidad intenta ocupar cada espacio libre de nuestra mente.

Rara vez estamos solos.

Y más rara vez todavía permanecemos en silencio.

Las beguinas vivieron en un mundo muy distinto.

Sin embargo, comprendieron algo que sigue siendo esencial.

El ser humano necesita interioridad.

Necesita momentos para escucharse.

Necesita espacios donde pueda escuchar a Dios.

Sin interioridad, la vida termina convirtiéndose en una sucesión de actividades sin profundidad.

Dios no es una idea

Uno de los grandes aportes de las beguinas consiste en recordarnos que la fe cristiana no es solamente un conjunto de doctrinas.

Por supuesto, las verdades de la fe son importantes.

Pero la vida espiritual no termina ahí.

Para ellas, Dios no era únicamente alguien sobre quien se habla.

Era alguien con quien se vive.

Alguien a quien se busca.

Alguien a quien se ama.

Sus escritos nacen de la experiencia.

No de una teoría.

Y precisamente por eso continúan interpelándonos.

Porque nos obligan a preguntarnos:

¿Mi relación con Dios es únicamente intelectual?

¿O es verdaderamente una relación viva?

La importancia del deseo

Nuestra cultura suele desconfiar del deseo.

A veces lo considera una fuente de frustración.

Otras veces intenta satisfacerlo mediante el consumo.

Las beguinas tenían una visión diferente.

Creían que existe un deseo profundo que habita en todo corazón humano.

Un deseo de plenitud.

De verdad.

De belleza.

De amor.

Y ese deseo apunta finalmente hacia Dios.

Por eso no intentaban apagarlo.

Intentaban orientarlo.

La vida espiritual consiste en aprender a reconocer qué es lo que realmente buscamos.

La paciencia del amor

Una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es la impaciencia.

Queremos resultados inmediatos.

Respuestas rápidas.

Cambios instantáneos.

Incluso en la vida espiritual.

Muchas personas abandonan la oración porque no experimentan enseguida aquello que esperaban.

Las beguinas nos recuerdan que el amor madura lentamente.

La amistad necesita tiempo.

También la amistad con Dios.

La fe crece poco a poco.

A veces de manera casi imperceptible.

Como una semilla escondida bajo la tierra.

Aprender a vivir la ausencia

Uno de los aspectos más valiosos de la espiritualidad beguinal es su capacidad para hablar de la ausencia de Dios.

Muchas personas atraviesan momentos de sequedad espiritual.

La oración parece vacía.

Las certezas desaparecen.

La fe se vuelve difícil.

Con frecuencia creen que han fracasado.

Las beguinas ofrecen una perspectiva diferente.

Nos enseñan que la ausencia también forma parte del camino.

Que Dios puede estar actuando incluso cuando no lo sentimos.

Que la fe auténtica no depende exclusivamente de las emociones.

Esta enseñanza resulta especialmente necesaria en una cultura que tiende a identificar la verdad con la intensidad de las sensaciones.

El valor de las mujeres en la Iglesia

Otro aspecto profundamente actual es el testimonio de estas mujeres.

Las beguinas recuerdan que la historia de la Iglesia no fue construida únicamente por papas, obispos y teólogos.

También fue edificada por mujeres que oraron, enseñaron, escribieron, acompañaron y transmitieron la fe.

Durante mucho tiempo sus voces permanecieron parcialmente ocultas.

Hoy volvemos a escucharlas.

Y descubrimos una riqueza espiritual extraordinaria.

No porque fueran excepciones.

Sino porque forman parte de una larga tradición femenina que ha contribuido decisivamente a la vida de la Iglesia.

La belleza como camino

Las beguinas poseían una profunda sensibilidad hacia la belleza.

Sus escritos están llenos de poesía.

De símbolos.

De imágenes tomadas de la naturaleza.

No veían belleza y espiritualidad como realidades separadas.

Comprendían que la belleza puede abrir el corazón a Dios.

Esta intuición también tiene algo que decirnos.

Vivimos rodeados de imágenes.

Pero no siempre rodeados de belleza.

Las beguinas nos invitan a redescubrir la contemplación.

A aprender nuevamente a maravillarnos.

A reconocer que la creación sigue hablando de su Creador.

Comunidades para el siglo XXI

Los beguinajes fueron comunidades singulares.

No eran monasterios cerrados.

Tampoco simples asociaciones.

Eran espacios donde la oración, el trabajo y la fraternidad podían convivir.

Quizá hoy necesitamos algo parecido.

No necesariamente reproducir aquellas estructuras medievales.

Pero sí crear espacios donde las personas puedan apoyarse mutuamente en la fe.

Comunidades que ayuden a vivir el Evangelio en medio del mundo.

La experiencia de las beguinas nos recuerda que nadie recorre solo el camino espiritual.

Buscar a Dios con todo el corazón

Si tuviéramos que resumir la herencia de las beguinas en una sola frase, quizá sería esta:

Buscar a Dios con todo el corazón.

No a medias.

No solamente mediante prácticas externas.

No únicamente a través de ideas.

Sino con toda la persona.

Con la inteligencia.

Con los afectos.

Con los deseos.

Con las heridas.

Con las preguntas.

Con la vida entera.

Eso fue lo que hicieron Hadewijch, Beatriz, Matilde y Margarita.

Y esa búsqueda sigue siendo tan necesaria hoy como lo era hace ochocientos años.

Una espiritualidad para tiempos de ruido

Tal vez la razón por la que las beguinas vuelven a interesarnos sea muy sencilla.

Vivimos en una época llena de información y escasa de sabiduría.

Llena de comunicación y escasa de escucha.

Llena de conexiones y escasa de encuentro.

Ellas nos recuerdan que existe un camino diferente.

El camino de la interioridad.

El camino del silencio.

El camino del amor.

No ofrecen fórmulas mágicas.

No prometen soluciones rápidas.

Proponen algo más profundo.

Volver al corazón.

Porque allí, en ese lugar interior que tantas veces olvidamos, continúa esperando el mismo Dios que ellas buscaron.

El Dios que sigue llamando a cada generación.

El Dios que continúa sembrando en el corazón humano una nostalgia de infinito.

El Dios que sigue siendo, hoy como ayer, el verdadero destino de toda búsqueda espiritual.

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

Beato Ambrosio Fernández

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Nació en Sisto, diócesis de Porto, en Portugal. Como tantos otros de su tiempo, decidió al ser adulto viajar al Oriente en busca de fortuna y para ello se embarcó hacia Japón, a donde llegó luego de haber padecido en el mar una terrible tempestad que puso a todos los navegantes en serio peligro de perder la vida. Aquello sirvió para que Ambrosio se preguntase por el sentido de la vida y se cuestionase en qué la estaba empleando, pareciéndole de poco resultado gastarla en buscarse bienes terrenales, que en cualquier momento se

Leer más »

Las Advocaciones de la Virgen María

Se conoce como advocaciones, a las distintas formas de nombrar o referirnos a la Santísima Virgen. Es común que muchos cristianos, por falta de información o mejor dicho de «formación», confundan esos distintos nombres con distintas santas o «virgencitas», como suelen llamarle. La Madre de Jesús es la Virgen María. Y los católicos solemos llamarla de distintas maneras, según el lugar dónde se halla instalada la devoción, o según la circunstancia, si es una aparición o se la nombra Patrona, etc.  De esta manera, encontraremos que llamamos a María como Nuestra Señora del Rosario, Virgen de Lourdes, Virgen de Fátima,

Leer más »

Poesía: Oración al Cristo del Calvario

En esta tarde, Cristo del Calvario,vine a rogarte por mi carne enferma;pero, al verte, mis ojos van y vienende tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. ¿Cómo quejarme de mis pies cansados,cuando veo los tuyos destrozados?¿Cómo mostrarte mis manos vacías,cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad,cuando en la cruz alzado y solo estás?¿Cómo explicarte que no tengo amor,cuando tienes rasgado el corazón? Ahora ya no me acuerdo de nada,huyeron de mí todas mis dolencias.El ímpetu del ruego que traíase me ahoga en la boca pedigüeña. Y sólo pido no pedirte nada,estar aquí, junto a

Leer más »

San Martín de León

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero (+ 1203) Nació en la ciudad de León el año 1125. Muy niño fue confiado a la comunidad del monasterio de San Marcelo para su educación. Abierto a la inquietud intelectual, realiza de joven un largo viaje por Europa, visitando los más famosos santuarios, y también las ciudades de Santiago, París, Roma y Constantinopla, acercándose luego a Antioquía y a Jerusalén. A su vuelta a León, decide su vocación sacerdotal y recibe en efecto el sacerdocio, pero muy pronto pasa del clero diocesano a la comunidad de canónigos regulares de San Isidoro de León. Aquí

Leer más »