Vocación, discipulado y misión: tres etapas del camino cristiano

Una confusión frecuente

Muchas veces utilizamos palabras como vocación, discipulado y misión como si significaran lo mismo. Sin embargo, en la Biblia describen momentos distintos del camino de la fe.

Dios llama.

El hombre responde.

Cristo forma.

Y luego envía.

Este proceso aparece una y otra vez en las Escrituras. Lo vemos en Abraham, en Moisés, en los profetas, en los apóstoles y en los santos de todos los tiempos.

Comprender esta dinámica ayuda a entender mejor la vida cristiana. Porque nadie es enviado sin haber sido antes discípulo, y nadie puede ser discípulo sin haber escuchado primero una llamada.

La vocación: cuando Dios toma la iniciativa

Toda historia de fe comienza con una llamada.

La Biblia está llena de hombres y mujeres cuya vida cambió porque Dios irrumpió en su existencia.

Abraham escuchó una voz que le pedía abandonar su tierra.

Moisés fue llamado desde una zarza ardiente.

Samuel oyó su nombre en medio de la noche.

María recibió el anuncio del ángel.

Pedro fue invitado a dejar sus redes.

La vocación nace siempre de la iniciativa divina. Antes de que el hombre busque a Dios, es Dios quien sale a buscar al hombre.

Por eso la vocación no es, ante todo, una profesión o una tarea. Es una relación. Es la experiencia de descubrir que Dios nos conoce personalmente y nos invita a caminar con Él.

Toda vocación auténtica comienza con una pregunta:

«¿Qué quieres de mí, Señor?»

El discipulado: aprender a vivir con Cristo

La llamada no es el final del camino.

Después de llamar a los primeros discípulos, Jesús pasó años formándolos.

Los corrigió.

Les enseñó.

Los puso a prueba.

Les explicó las Escrituras.

Les mostró cómo orar.

Les enseñó a amar, servir y perdonar.

Este período de aprendizaje recibe el nombre de discipulado.

Un discípulo no es simplemente alguien que admira a Jesús. Es alguien que aprende de Él y permite que su vida sea transformada.

Por eso el discipulado exige tiempo.

Nadie se convierte en discípulo en un instante.

Los propios apóstoles tardaron años en comprender quién era realmente Jesús.

Cometieron errores.

Mostraron miedo.

Discutieron entre ellos.

No entendieron muchas de sus enseñanzas.

Y, sin embargo, Cristo tuvo paciencia con ellos.

El discipulado es precisamente ese proceso de transformación interior por el cual el creyente va adquiriendo poco a poco los sentimientos, los criterios y el corazón de Cristo.

La misión: ser enviado

Después de llamar y formar a sus discípulos, Jesús los envió.

Esta es la tercera etapa.

La palabra apóstol significa precisamente «enviado».

El Evangelio nunca presenta el discipulado como una experiencia encerrada en sí misma. Quien ha encontrado a Cristo está llamado a compartirlo con los demás.

Los Doce fueron enviados a predicar.

Los setenta y dos discípulos fueron enviados a anunciar el Reino.

Después de la Resurrección, Jesús envió a sus seguidores hasta los confines de la tierra.

La misión no es una tarea reservada para unos pocos especialistas. Es una dimensión esencial de toda vida cristiana.

Cada bautizado recibe la llamada a dar testimonio del Evangelio allí donde vive: en la familia, en el trabajo, en la escuela, en la comunidad y en la sociedad.

Cuando se rompe el orden

Una de las razones por las que muchos cristianos experimentan frustración espiritual es que intentan alterar este proceso.

Algunos quieren la misión sin haber vivido el discipulado.

Desean enseñar sin haber aprendido.

Hablar de Cristo sin escuchar primero a Cristo.

Otros permanecen indefinidamente en la etapa del aprendizaje y nunca se atreven a dar el paso hacia la misión.

Acumulan conocimientos, cursos, lecturas y experiencias espirituales, pero evitan el compromiso de compartir la fe.

También existen quienes sienten una vocación, pero nunca responden verdaderamente a ella.

Escuchan la llamada, pero permanecen inmóviles.

La pedagogía de Jesús es diferente.

Primero llama.

Después forma.

Finalmente envía.

Pedro: un ejemplo completo

La vida de Pedro ilustra perfectamente este proceso.

Primero recibió una vocación junto al lago de Galilea:

«Sígueme».

Después vivió años de discipulado.

Escuchó las enseñanzas de Jesús.

Presenció milagros.

Aprendió a confiar.

También experimentó fracasos, especialmente cuando negó a su Maestro durante la Pasión.

Finalmente, después de la Resurrección y Pentecostés, fue enviado a anunciar el Evangelio.

Su historia muestra que la misión nace del encuentro con Cristo y de una larga escuela de discipulado.

La misión no siempre es espectacular

Cuando pensamos en la misión solemos imaginar grandes predicadores, misioneros o fundadores.

Sin embargo, la mayoría de las misiones cristianas son mucho más sencillas.

Una madre que transmite la fe a sus hijos.

Un profesor que educa con valores evangélicos.

Un trabajador que vive honestamente.

Un enfermo que ofrece su sufrimiento con esperanza.

Un amigo que acompaña a quien atraviesa una crisis.

Todo ello forma parte de la misión cristiana.

No todos están llamados a hacer las mismas cosas, pero todos están llamados a dar testimonio de Cristo.

Lo que aprendemos hoy

La vida cristiana no consiste simplemente en cumplir normas religiosas.

Es una historia de encuentro, transformación y envío.

Dios llama a cada persona por su nombre.

La invita a convertirse en discípulo.

La forma pacientemente.

Y finalmente la envía a llevar su amor al mundo.

Por eso la pregunta importante no es solamente: «¿Cuál es mi vocación?».

También debemos preguntarnos:

  • ¿Estoy viviendo como discípulo?
  • ¿Estoy dejando que Cristo me forme?
  • ¿Estoy cumpliendo la misión que me ha confiado?

Del llamado al envío

Toda la historia del Evangelio puede resumirse en tres palabras: vocación, discipulado y misión.

Dios llama.

El hombre responde.

Cristo transforma.

Y el discípulo es enviado.

Ese fue el camino de Abraham, de Moisés, de María, de Pedro, de Pablo y de innumerables santos.

Y sigue siendo hoy el camino de todo cristiano.

Porque nadie es llamado para quedarse donde está. Dios llama para conducirnos hacia una amistad más profunda con Cristo y, desde esa amistad, convertirnos en testigos de su amor en medio del mundo.

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

San Andrés Alfredo Bessette

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Religioso (+ 1937) Nació en St. Gregoire d’Iberville (Canadá) el 9 de agosto de 1845 en el seno de una modesta familia. Buscando mejorar su suerte, emigra en 1867 a los Estados Unidos, donde se coloca como obrero en una industria textil, pero en 1870 regresa a Canadá. Aquí se pone bajo la dirección espiritual de su párroco y decide su vocación religiosa, a la que ya de tiempo se sentía inclinado. Ingresa en la Congregación de la Santa Cruz y emite los votos religiosos el 2 de febrero de 1874. Su destino

Leer más »

Poesía: Yo pequé, mi Señor, y tú padeces…

Yo pequé mi Señor, y tú padeces;yo los delitos hice y tú los pagas;si yo los cometí, tú ¿qué mereces,que así te ofenden con sangrientas llagas?Mas voluntario, tú, mi Dios, te ofreces;tú del amor del hombre te embriagas;y así, porque le sirva de disculpa,quieres llevar la pena de su culpa. Pues en los miembros del Señor, desnudosy ceñidos de gruesos cardenales,se descargan de nuevo golpes crudos,y heridas de nuevo desiguales:multiplícanse látigos agudosy de puntas armados naturales,que rasgan y penetran vivamentela carne hasta el hueso transparente. Hierve la sangre y corre apresurada,baña el cuerpo de Dios y tiñe el suelo,y la

Leer más »

San Manuel González García

Por: José María Díaz Fernández | Fuente: Año Cristiano (2002) Obispo (+1940) De los santos españoles del siglo XX fue seguramente San Manuel González García el que ya en vida gozó de mayor popularidad: el célebre Arcipreste de Huelva, el famosísimo obispo de Málaga y de Patencia. Después de su muerte creció la fama hasta convertirse en clamor fervoroso pidiendo su beatificación. Juan Pablo II lo beatificó el 29 de abril de 2001 y el Papa Francisco lo canonizó el 16 de octubre de 2016. El decreto por el que declara heroicas sus virtudes se inicia con las siguientes palabras de Vaticano

Leer más »

Beato Odorico de Pordenone

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero (+ 1331) Odorico Mattiuzzi nació en Villanova de Pordenone el año 1285, en el seno de una noble familia, que le proporciona una esmerada educación religiosa. En la juventud siente la vocación a la vida del claustro e ingresa en Udine en la Orden franciscana. Una vez ordenado sacerdote, pasa unos años en recogimiento en uno de los conventos de su Orden, para pasar seguidamente a un activo apostolado como predicador popular por las provincias de Friul, Carintia e Iüria hasta que en 1314 la obediencia y su anhelo misionero lo llevan a Oriente. Luego

Leer más »