Una pregunta frecuente
Cuando se habla de los apóstoles, muchas personas incluyen espontáneamente a san Pablo entre ellos. Y no es extraño. Después de todo, escribió buena parte del Nuevo Testamento, evangelizó gran parte del mundo mediterráneo y es una de las figuras más influyentes de toda la historia cristiana.
Sin embargo, surge una pregunta interesante: ¿fue san Pablo uno de los Doce Apóstoles?
La respuesta es sencilla: no. Pablo nunca perteneció al grupo de los Doce elegidos por Jesús durante su vida pública. Pero sí fue un verdadero apóstol, llamado directamente por Cristo resucitado para una misión única en la historia de la Iglesia.
Comprender esta distinción nos ayuda a entender mejor tanto la vocación de Pablo como el significado del apostolado cristiano.
¿Quiénes eran los Doce?
Los Evangelios presentan a los Doce como el grupo escogido por Jesús durante su ministerio público.
Vivieron con Él.
Escucharon directamente sus enseñanzas.
Fueron testigos de sus milagros.
Lo acompañaron durante años por los caminos de Galilea y Judea.
Tras la traición de Judas Iscariote, la comunidad eligió a Matías para mantener completo el número simbólico de los Doce.
Pablo no formó parte de ese grupo.
Durante los años en que Jesús predicaba, Pablo ni siquiera era discípulo suyo.
Pablo: de perseguidor a creyente
Antes de convertirse, Pablo era conocido como Saulo de Tarso.
Era un judío culto, formado en la tradición farisea y profundamente comprometido con la Ley de Moisés.
Los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles lo presentan persiguiendo activamente a los cristianos. Consideraba que el movimiento nacido en torno a Jesús era una amenaza para la fe de Israel.
Todo cambió durante un viaje a Damasco.
Según relata el libro de los Hechos, una luz lo envolvió y escuchó una voz que le decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
Cuando preguntó quién hablaba, recibió una respuesta que transformó su vida:
«Yo soy Jesús, a quien tú persigues».
Aquel encuentro con Cristo resucitado marcó el inicio de una de las conversiones más extraordinarias de la historia.
¿Por qué Pablo se llama a sí mismo apóstol?
Después de su conversión, Pablo comenzó a anunciar el Evangelio y pronto surgió una dificultad.
Algunos cristianos cuestionaban su autoridad porque no había acompañado a Jesús durante su vida terrena.
Por eso Pablo insiste repetidamente en sus cartas en que su apostolado no procede de los hombres.
Comienza la Carta a los Gálatas diciendo:
«Pablo, apóstol no por disposición de hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo».
Para él, la legitimidad de su misión provenía del llamado directo recibido de Cristo resucitado.
No había sido discípulo durante la vida pública de Jesús, pero había sido elegido personalmente por el Señor para anunciar el Evangelio.
El apóstol de los gentiles
La misión de Pablo tuvo una característica particular.
Mientras Pedro y otros apóstoles desarrollaban gran parte de su labor entre los judíos, Pablo recibió una vocación especial: llevar el Evangelio a los pueblos no judíos.
Por eso la tradición cristiana lo conoce como «el apóstol de los gentiles».
Sus viajes misioneros lo llevaron por regiones que hoy corresponden a Turquía, Grecia, Chipre y Roma.
Fundó comunidades cristianas, escribió cartas para instruirlas y ayudó a que el Evangelio dejara de ser visto únicamente como un movimiento interno del judaísmo.
Gracias a su trabajo, el cristianismo comenzó a expandirse por todo el mundo mediterráneo.
¿Fue Pablo menos importante que los Doce?
En absoluto.
El Nuevo Testamento muestra una profunda conciencia de la singularidad de los Doce, pero también reconoce la autoridad apostólica de Pablo.
De hecho, gran parte de la teología cristiana se apoya en las cartas que escribió.
Sus reflexiones sobre la gracia, la fe, la Iglesia, la salvación y la vida en Cristo han influido en la espiritualidad cristiana durante dos mil años.
Por eso la Iglesia siempre ha venerado a Pablo junto a Pedro.
No porque ambos tuvieran exactamente la misma misión, sino porque los dos fueron pilares fundamentales de la Iglesia naciente.
Pedro y Pablo: dos caminos distintos
Resulta significativo comparar a Pedro y Pablo.
Pedro fue un pescador de Galilea que convivió diariamente con Jesús.
Pablo fue un intelectual judío que conoció a Cristo después de la Resurrección.
Pedro recibió el llamado junto al lago.
Pablo recibió el llamado en el camino de Damasco.
Pedro representa la continuidad con el grupo original de los Doce.
Pablo representa la expansión universal de la misión cristiana.
Sus historias son diferentes, pero ambas muestran la libertad con que Dios llama a quienes quiere para su servicio.
Lo que aprendemos de san Pablo
La vida de Pablo contiene una enseñanza poderosa.
Dios no está limitado por nuestro pasado.
El hombre que persiguió a los cristianos se convirtió en uno de los mayores evangelizadores de todos los tiempos.
El enemigo de la Iglesia terminó siendo uno de sus más grandes defensores.
Por eso la historia de Pablo es una historia de esperanza. Nadie está demasiado lejos de Dios. Ningún fracaso tiene por qué ser definitivo. Ninguna vida está cerrada a la gracia.
¿Fue o no fue apóstol?
La respuesta final es clara.
San Pablo no fue uno de los Doce Apóstoles.
Ese grupo estuvo formado por aquellos que Jesús eligió durante su vida pública y que representaban simbólicamente al nuevo Israel.
Sin embargo, Pablo sí fue un auténtico apóstol. Su llamado vino directamente de Cristo resucitado y su misión transformó la historia de la Iglesia.
Por eso, cuando los cristianos hablan de san Pablo como apóstol, no están utilizando el término de forma figurada. Lo hacen porque la propia Escritura lo reconoce como un enviado del Señor, escogido para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo conocido.
Y quizá esa sea la lección más importante de su vida: Dios sigue llamando a personas inesperadas para realizar obras que nadie habría imaginado.