Poema: Ayes del destierro

¡Cuán triste es, Dios mío,
La vida sin ti!
Ansiosa de verte
Deseo morir.

Carrera muy larga
Es la de este suelo,
Morada penosa,
Muy duro destierro.
¡Oh dueño adorado,
Sácame de aquí!
Ansiosa de verte
Deseo morir.

Lúgubre es la vida,
Amarga en estremo;
Que no vive el alma
Que está de ti lejos.
¡Oh dulce bien mío,
Que soy infeliz!
Ansiosa de verte
Deseo morir

¡Oh muerte benigna,
Socorre mis penas!
Tus golpes son dulces,
Que el alma libertan.
¡Qué dicha, oh mi amado,
Estar junto a Ti!
Ansiosa de verte
Deseo morir

El amor mundano
Apega a esta vida;
El amor divino
Por la otra suspira.
Sin ti, Dios eterno,
¿Quién puede vivir?
Ansiosa de verte
Deseo morir.

La vida terrena
Es continuo duelo;
Vida verdadera
La hay sólo en el cielo.
Permite, Dios mío,
Que viva yo allí.
Ansiosa de verte
Deseo morir

¿Quién es el que teme
La muerte del cuerpo,
Si con ella logra
Un placer inmenso?
¡Oh, sí, el de amarte,
Dios mío, sin fin!
Ansiosa de verte
Deseo morir

Mi alma afligida
Gime y desfallece.
¡Ay! ¿Quién de su amado
Puede estar ausente?
Acabe ya, acabe
Aqueste sufrir
Ansiosa de verte
Deseo morir.

El barbo cogido
En doloroso anzuelo
Encuentra en la muerte
El fin del tormento.
¡Ay! También yo sufro,
Bien mío, sin ti.
Y ansiosa de verte
Deseo morir.

En vano mi alma
Te busca, ¡oh mi dueño!
Tú siempre invisible
No alivias su anhelo.
¡Ay!, esto la inflama
Hasta prorrumpir:
Ansiosa de verte
Deseo morir.

¡Ay!, cuando te dignas
Entrar en mi pecho,
Dios mío, al instante
El perderte temo.
Tal pena me aflige
Y me hace decir:
Ansiosa de verte
Deseo morir.

Haz, Señor, que acabe
Tan larga agonía,
Socorre a tu sierva
Que por ti suspira.
Rompe aquestos hierros
Y sea feliz.
Ansiosa de verte
Deseo morir.

Mas no, dueño amado,
Que es justo padezca;
Que expíe mis yerros,
Mis culpas inmensas.
¡Ay!, logren mis lágrimas
Te dignes oír
Que ansiosa de verte
Deseo morir.

Autora: Santa Teresa de Jesús de Ávila (1515-1582).

De: Obras completas. Biblioteca de Autores Cristianos, S.A. Madrid 1986. págs. 654-670.

1 comentario en “Poema: Ayes del destierro”

  1. Bendito mi Dios, esta vida terrenal se torna cada vez más cruel y es por eso que la débil cobardía se identifica c8n la frase del deseo de morir pero es realmente el anhelo de vivir la otra vida pero en tu plena presencia SEÑOR.

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

Santa Zedislava de Lemberk

Por:  José Luis Repetto Betes | Fuente: Año Cristiano (2002) Madre de familia (+ 1252) Zdislava o Zedislava es una madre de familia de la Edad Media, en pleno siglo XIII, que, sin embargo de hacer ya siete siglos de su tránsito, no ha llegado a la canonización hasta el 21 de mayo de 1995, en que el papa Juan Pablo II, en su viaje apostólico a Bohemia, la colocaba en el catálogo de los santos en la ciudad de Olomuc. Fue una mujer —dice el mismo Papa— a quien pueden aplicarse con toda justicia los elogios que la Sagrada Escritura dirige a la mujer fuerte,

Leer más »

Grados de culto en la liturgia

En ocasiones se considera que hay diversas formas de culto, pero en la Iglesia y específicamente en el concilio de Treno (Ses. XXV), se nos enseña que hay un solo culto, que puede vivirse en tres grados. Latría Al primero grado se le denomina «latría» o adoración. Este es exclusivo de Dios. Sólo Dios puede ser adorado, en el Padre por la creación, en el Hijo por la salvación y en el Espíritu Santo por la santificación, ya que, como dice el credo niceno-constantinopolitano la Trinidad «recibe una misma adoración y gloria», además, Jesús nos enseña que solo se debe

Leer más »

La oración para santa Teresa de Jesús de Ávila

«Sin este cimiento fuerte (de la oración) todo edificio va falso» (Camino de perfección, 4, 5). «No son menester fuerzas corporales para ella, sino sólo amar y costumbre; que el Señor da siempre oportunidad si queremos» (Vida, 7, 4). «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida, 8, 2). «Pensar y entender lo que hablamos y con quién hablamos y quién somos los que osamos hablar con tan gran Señor; pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le habemos servido y lo mucho

Leer más »

Poesía: Viernes Santo

Tu maderome llegaba, Señor, desdibujado.Eludía contornos.Cualquier forma concreta me arañaba el espíritu.Pero, a pesar de ello,tu madero, Señor, se perfilabaen el cordial ambiente de la tarde.Aquel niño que al vientolanzaba su molinode papel y coloreslo acercaba a mis ojos. Los hería de pronto.Aquellos seres mínimos y tuyos,que estrenaban vestidospara festejarte,me traían tu voz.Aligeraba el paso (oh Señor, caminar en distanciasin sonidos hirientespor lo azul de mis venas),pero tu voz seguía persiguiéndomepor el asfalto sin circulación.Tus palabras,tus últimas palabras del Calvario,eran el aire que me circundaba.No respiraba apenas.Me dolía tragarlas. Unirlas a mi sangre miserable.Acaso,una sola vibróen el aliento turbio. Suspendida.Cuando

Leer más »