Santa Paula de Roma. La mujer que cambió Roma por Belén

Memoria: 26 de enero

Hay personas que pasan la vida buscando riquezas, prestigio y reconocimiento. Santa Paula de Roma lo tenía todo desde el principio: nobleza, fortuna, influencia y una posición privilegiada en la sociedad romana. Sin embargo, descubrió que existía un tesoro mucho mayor.

Nació hacia el año 347 en una de las familias más ilustres de Roma. Su linaje estaba vinculado a las antiguas familias patricias del Imperio y su vida transcurría entre los privilegios y comodidades propios de la aristocracia romana.

Contrajo matrimonio con Toxocio y formó una familia numerosa. Pero cuando tenía apenas treinta y cinco años quedó viuda. Aquel dolor marcó profundamente su vida y la llevó a buscar con más intensidad el sentido de la existencia.

Fue entonces cuando conoció a san Jerónimo, uno de los más grandes estudiosos de la Sagrada Escritura. Sus enseñanzas despertaron en Paula un deseo cada vez más profundo de vivir el Evangelio con radicalidad.

Poco a poco comenzó a desprenderse de aquello que antes ocupaba el centro de su vida. La riqueza, los honores y el prestigio social dejaron de ser lo más importante. Su corazón había encontrado algo más grande: Jesucristo.

Junto a otras mujeres cristianas de Roma se dedicó al estudio de la Palabra de Dios, a la oración y a las obras de caridad. Su ejemplo comenzó a influir en muchas personas de la alta sociedad romana, mostrando que la santidad no estaba reservada a unos pocos, sino abierta a todos los que se dejan transformar por el amor de Dios.

Tras la muerte del papa san Dámaso y la partida de san Jerónimo hacia Oriente, Paula sintió el deseo de recorrer los lugares donde había vivido Jesús. Dejando atrás la comodidad de Roma, emprendió una peregrinación a Tierra Santa acompañada por su hija Eustoquio.

Aquel viaje cambiaría definitivamente su vida.

Cuando llegó a Belén y contempló la gruta donde nació el Salvador, comprendió que había encontrado el lugar donde Dios la quería. Decidió quedarse allí para siempre.

La noble romana que había vivido entre palacios eligió una vida sencilla junto al lugar donde el Hijo de Dios quiso nacer pobre.

En Belén fundó monasterios, acogió peregrinos, ayudó a los necesitados y promovió el estudio de las Sagradas Escrituras. Su apoyo fue fundamental para que san Jerónimo pudiera realizar una de las obras más importantes de la historia cristiana: la traducción de la Biblia al latín, conocida como la Vulgata.

Durante casi veinte años vivió entregada a la oración, al servicio y al estudio de la Palabra de Dios. Su amor por Cristo era tan profundo que encontraba en las Escrituras alimento para cada momento de su vida.

Cuando llegó la hora de su encuentro definitivo con el Señor, murió rodeada de sus hermanas y de su querida hija Eustoquio. Sus últimas palabras fueron una oración nacida del amor:

«Señor, he amado la belleza de tu casa y el lugar donde habita tu gloria».

Había dejado atrás las riquezas de Roma, pero había encontrado una riqueza infinitamente mayor.

Un mensaje para hoy

La historia de Santa Paula nos recuerda que la verdadera felicidad no depende de lo que poseemos, sino de aquello que ocupa nuestro corazón.

Vivimos en una cultura que nos invita constantemente a acumular, competir y buscar reconocimiento. Paula descubrió que ninguna de esas cosas puede llenar el alma humana.

Solo Dios basta.

Su vida nos enseña que nunca es tarde para emprender un nuevo camino, para dejar atrás aquello que nos impide seguir a Cristo y para descubrir que el Evangelio es capaz de transformar completamente nuestra existencia.

¿Qué podemos aprender de Santa Paula de Roma?

1. Cristo vale más que cualquier riqueza

Paula poseía todo aquello que muchos desean, pero descubrió que nada se compara con la amistad de Jesús.

2. La Palabra de Dios transforma la vida

Su amor por las Escrituras cambió su manera de pensar, de vivir y de relacionarse con los demás.

3. Nunca es tarde para responder a Dios

La gran misión de su vida comenzó después de enviudar. Dios sigue llamando en todas las etapas de nuestra historia.

4. La santidad puede vivirse en cualquier estado de vida

Fue esposa, madre, viuda, peregrina y fundadora. En cada etapa buscó amar más al Señor.

5. Seguir a Cristo implica aprender a desprenderse

Paula entendió que quien se aferra a todo termina perdiéndose lo esencial, mientras que quien pone a Dios en primer lugar encuentra la verdadera libertad.

Para meditar

«Donde está Cristo, allí está el verdadero tesoro del corazón.»

Una pregunta para el corazón

¿Qué cosas ocupan hoy el lugar que solo Dios debería ocupar en mi vida?

Oración

Santa Paula de Roma,
tú que descubriste en Cristo la riqueza que no pasa,
enséñanos a buscar primero el Reino de Dios.

Ayúdanos a desprendernos de aquello que nos aleja del Evangelio,
a amar cada día más la Palabra de Dios
y a reconocer la presencia del Señor en lo sencillo y lo humilde.

Que aprendamos de tu ejemplo a poner nuestro corazón en el cielo,
sin dejarnos esclavizar por las riquezas, el prestigio o las apariencias.

Y que, siguiendo tus huellas,
podamos encontrar en Cristo la alegría que nada ni nadie puede quitarnos.

Amén.

Un último pensamiento

Roma le ofrecía poder, prestigio y riquezas.

Belén le ofrecía una cueva.

Paula eligió Belén.

Porque había comprendido que el lugar más humilde donde está Cristo vale más que todos los palacios del mundo.

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

Fragmento Muratoriano

[Falta la primera parte del documento] … en éstos, sin embargo, él estaba presente, y así los anotó. El tercer libro del evangelio: según Lucas. Después de la ascensión de Cristo, Lucas el médico, el cual Pablo había llevado consigo como experto jurídico, escribió en su propio nombre concordando con la opinión de [Pablo]. Sin embargo, él mismo nunca vio al Señor en la carne y, por lo tanto, según pudo seguir…, empezó a contarlo desde el nacimiento de Juan. El cuarto evangelio es de Juan, uno de los discípulos. Cuando sus co-discípulos y obispos le animaron, dijo Juan, «Ayunad

Leer más »

La Liturgia católica de la Palabra, luz y vida

Por: P. José María Iraburu | Fuente: Reforma o Apostasía. Ascendido al cielo nuestro Señor Jesucristo, a la vista de sus discípulos, «una nube lo ocultó a sus ojos» (Hch 1,9), y quedó ya Cristo para nosotros invisible hasta la Parusía, hasta su segunda venida, la definitiva. ¿Y mientras tanto?… –La sagrada Liturgia, con sus signos visibles, audibles y eficaces, es en este mundo presencia real de Cristo, manifestación suya y comunicación de su Espíritu. En la liturgia, especialmente en la Eucaristía, para los cristianos que tienen abiertos los ojos de la fe, Cristo se hace audible, visible y palpable. «Mi

Leer más »

Madre acoge nuestro grito

«Madre de los hombres y de los pueblos, Tú conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al mundo, acoge nuestro grito dirigido en el Espíritu Santo directamente a tu Corazón y abraza con el amor de la Madre y de la Esclava del Señor a los que más esperan este abrazo, y, al mismo tiempo, a aquellos cuya entrega Tú esperas de modo especial. Toma bajo tu protección materna a toda la familia humana a la que, con todo afecto a ti,

Leer más »

La doctrina de los doce apóstoles – Didajé

Enseñanza del Señor transmitida a las naciones por los Doce Apóstoles. PRIMERA PARTE El Catecismo o los «Dos caminos» I. Existen dos caminos, entre los cuales, hay gran diferencia; el que conduce a la vida y el que lleva a la muerte. He aquí el camino de la vida: en primer lugar, Amarás a Dios que te ha creado; y en segundo lugar, amarás a tu prójimo como a ti mismo; es decir, que no harás a otro, lo que no quisieras que se hiciera contigo. He aquí la doctrina contenida en estas palabras: Bendecid a los que os maldicen, rogad por

Leer más »