Pensamientos (espirituales) sobre la liturgia

Por: P. Javier Sánchez Martínez | Fuente: Liturgia, fuente y culmen

1. ¡Qué grande la Iglesia! ¡Qué Misterio tan hermoso! Que siempre contribuyamos a su belleza con nuestra vida, nuestra santidad, nuestra liturgia, nuestra oración y nuestra reparación.

2. La liturgia es el marco sacramental y real a un tiempo, de unión del alma con el Señor, de mística realizada por signos, plegarias y ritos eclesiales; que la liturgia sea un espacio contemplativo para ti, vivido con la serenidad de la contemplación, el reposo del amor que se entrega al Amado en las oraciones, en la escucha de las lecturas, en el silencio de la liturgia, en el canto de los salmos e himnos, en las inclinaciones que adoran, en la signación de la cruz que envuelve la persona, en la comunión con el Cuerpo del Señor, en la oración de los fieles que intercede ante Cristo por la humanidad. Goza de la liturgia que es la primera fuente de unión de amor con Cristo.

3. Canta la liturgia, rézala, vívela lo mejor posible, porque el primer y más importante acto de oración y alimento del espíritu cristiano es la liturgia. Tenle amor a la liturgia. Canta con gozo la Liturgia de las Horas. Mira a Cristo en el Oficio cantando los salmos por tu voz. Gózate en Él.

4. Canta la liturgia con devoción, poniendo tu corazón en Él, y Cristo, Médico de los cuerpos y las almas, aliviará tu espíritu por la liturgia.

5. Entrégate sin reservas al que es todo Amor y sólo espera nuestro amor. Goza en la liturgia y contempla al Rey de la Gloria que se nos da en la liturgia.

6. En la liturgia, lo invisible es mayor incluso que lo visible; con los ojos de la fe, mira a Cristo presente, y a los ángeles adorando y cantando -como en el Apocalipsis- y a los santos del cielo. El cielo entra en la tierra durante la santa liturgia. Todo es adoración de Dios.

7. Sumo respeto, veneración, recogimiento, merece la liturgia. ¡Ésta no es una fiesta, ni una reunión humana, social! Recuerda a Moisés ante la zarza ardiente (Ex 3): se quita las sandalias y se postra. ¡Es el Misterio de Dios, sobrecogedor, sublime!

8. Aíslate de ruidos y distracciones. El Señor, en cualquier momento, puede tocar el alma con una oración, una antífona, un versículo bíblico, dándote una moción, una gracia, una comunicación. El corazón ha de estar receptivo y no distraído (con unos y con otros, con el móvil que suena o con el turista que se pasea observando el templo).

9. “Que la mente concuerde con la voz” (S. Benito, Regla): fíjate bien en lo que respondes al sacerdote, lo que dices en las aclamaciones, lo que cantas. Sé consciente de lo que pronuncian tus labios… ¡y dilo de verdad, con verdad, con la verdad de tu vida!

10. Vivir la liturgia bien requiere de mucha oración y buena dosis de espiritualidad, atención y devoción. Piensa que las oraciones, prefacio y plegaria eucarística, las pronuncia el sacerdote en nombre de la Iglesia, de todos; son tuyas también… ¡así que hazlas tuyas! Escucha bien esas plegarias, deja que calen, empapen tu corazón, medítalas en tu oración personal.

11. En la liturgia glorificamos a Dios y recibimos su santificación. No vamos por aprender como si fuera una catequesis, un curso o una conferencia (aunque la liturgia es muy educativa de por sí). Distingue catequesis de liturgia. Huye de muchas palabras, verbalismo y moniciones. Busca lo esencial, busca a Dios y encontrarte con Él. Mal signo es querer liturgias “entretenidas», “Misas divertidas»: eso no viene de Dios.

12. Por la Confirmación, el Espíritu Santo te capacita para ejercer el sacerdocio bautismal como un derecho y una obligación. Vas al servicio divino, a servir a Dios, cuando participas en la santa liturgia. Ofrécete y ofrece todo al Señor; glorifícale; intercede; recibe y medita.

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