Experiencia de formación y capacitación. Ciudad de México, 2001.
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Poesía: ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,que a mi puerta, cubierto de rocío,pasas las noches del invierno oscuras? ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,si de mi ingratitud el hielo fríosecó las llagas de tus plantas puras! ¡Cuántas veces el Ángel me decia:«Alma, asómate ahora a la ventana,verás con cuánto amor llamar porfía»! ¡Y cuántas, hermosura soberana,«Mañana le abriremos», respondía,para lo mismo responder mañana! Autor: Lope de Vega (1562-1635).
Redacción

¿Quiénes eran los setenta y dos discípulos que envió Jesús?
Más allá de los Doce Cuando pensamos en los seguidores de Jesús, normalmente recordamos a los Doce Apóstoles. Sin embargo, los Evangelios muestran que el círculo de discípulos era mucho más amplio. El Evangelio de Lucas narra un episodio poco conocido pero de enorme importancia: Jesús escogió a setenta y dos discípulos y los envió delante de Él a los pueblos y aldeas donde pensaba ir. Este detalle revela algo fundamental. La misión de anunciar el Reino de Dios no fue confiada únicamente a los Doce. Desde el principio, Jesús involucró a muchos otros discípulos en su obra evangelizadora. El
P. Fredy Aristizábal
Beato Emilio Szramek
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero y mártir (+ 1942) Nace en Tworkow, Polonia, el 29 septiembre 1887 en el seno de una familia obrera. Ordenado sacerdote en 1911, continuó siempre su formación intelectual con un gran afán por la cultura. Fue canciller de la Administración Apostólica de la Alta Silesia y tuvo otros varios cargos de confianza por parte de los obispos de Katowice, nombrándolo el Papa prelado doméstico en 1931. Fue también párroco de Santa María en Katowice. Al llegar la guerra, fue arrestado el 4 abril 1940 y llevado al campo de concentración de Dachau, donde pasó muchísimas penalidades, tantas que
Redacción

Regla de san Pacomio
Prefacio de san Jerónimo Por afilada y centelleante que sea una espada, terminará por cubrirse de herrumbre y perder el esplendor de su belleza si permanece durante mucho tiempo en la vaina. Es por esto que, cuando me encontraba afligido por la muerte de la santa y venerable Paula (en esto no obraba yo en contraposición con el precepto del Apóstol, antes bien, aspiraba ardientemente que fuera consolado el gran número de aquellos a quienes su muerte había privado de sostén), acepté recibir los libros que me enviaba el hombre de Dios, el sacerdote Silvano. El mismo los había recibido
Redacción