Experiencia de formación y capacitación. Ciudad de México, 2001.
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Poesía: Una cruz sencilla
Hazme una cruz sencilla,carpintero…sin añadidosni ornamentos…que se vean desnudoslos maderos,desnudosy decididamente rectos:los brazos en abrazo hacia la tierra,el astil disparándose a los cielos.Que no haya un solo adornoque distraiga este gesto:este equilibrio humanode los dos mandamientos…sencilla, sencilla…hazme una cruz sencilla, carpintero. Poesía de León Felipe (1884-1968).
Redacción
Solemnidad de Santa María Madre de Dios
Por: Ramón Luis M.a Mañas, OSB | Fuente: Año Cristiano (2002) En el marco siempre entrañable de las fiestas navideñas y con la mirada puesta inevitablemente en el nuevo año que comienza, celebramos hoy la solemnidad de Santa María Madre de Dios, festividad que sacada de un cierto olvido al que se la había relegado y devuelta a su prístino contexto litúrgico a raíz del Vaticano II, es expresión y fruto de ese hondo sentimiento de piedad y devoción que desde antiguo viene suscitando en el pueblo cristiano de Oriente y Occidente la contemplación de la maternidad divina de María, uno de los misterios más grandes y singulares de
Redacción
San Félix de Nola
Por: José Vives | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero (+ ca.260) En la más vasta y fértil llanura de la Campania occidental, no lejos de la populosa Napóles y de la señorial Caserta, se levanta la antiquísima pequeña ciudad de Nola, patria de San Félix. Su padre, Hermias, militar, que se estableció en ella la primera mitad del siglo III, procedía de Siria. Otro hijo del mismo nombre del padre le siguió en su dedicación a las armas. Félix escogió mejor ser soldado del reino de Cristo. Nos han llegado pocas noticias de su carrera eclesiástica cuando joven. Seguiría normalmente por los grados de las distintas órdenes, desde lector
Redacción

Las tres leyes de Máximo el Confesor
Hay tres leyes generales: la ley natural, la ley escrita y la ley de gracia. Cada una de ellas tiene sus atributos particulares y recorre su propio camino. La ley natural, cuando el sentido no alcanza a dominar la razón, nos impulsa espontáneamente a acoger a todos los hombres como a parientes nuestros y acudir en socorro de aquellos que se hallan necesitados; nos inspira un querer unánime, de modo que cada uno se sienta dichoso de dar a los otros lo que él mismo desearía recibir. Es lo que ha enseñado el Señor: “aquello que queráis que hagan los
Redacción