Parroquia San Lorenzo del Ingenio, Cabildo. Realizado y enviado por Juan Tapia Contreras [email protected]
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San Antonio María Pucci
Por: Manuel Useros Carretero | Fuente: Año Cristiano (2002) Religioso (+ 1892) San Antonio María Pucci, uno de los siete hermanos de la humilde familia de Agustín y María Pucci, de Poggiole, encantador pueblecito acostado en las laderas preapenínicas toscanas, en la provincia del Dante, no ha llamado la atención de los conocedores del arte y de la cultura italiana. El párroco de Viareggio, diócesis de Lucca, pertenece a otra página de la historia de este pueblo armónicamente paradójico, capaz de ser a la vez garibaldino y rezador, papista y anticlerical, de honda cristiandad de Catacumbas y de atisbos de romanidad pagana. Es la historia de una
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San Remigio de Reims
Por: Bernardino Llorca, SI | Fuente: Año Cristiano (2002) Obispo (+ ca.530) San Remigio, célebre obispo de Reims, conocido en la historia principalmente por el hecho de haber bautizado al rey Clodoveo y un buen número de su pueblo, fue hombre, según el testimonio de San Gregorio de Tours, insigne por su erudición y santidad y por sus obras maravillosas, por todo lo cual es considerado como el apóstol de los francos. Las fuentes que nos informan sobre él, principalmente San Gregorio de Tours y San Avito de Vienne, aunque fieles en la relación de los hechos fundamentales, no son absolutamente seguras en lo que
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Grados de culto en la liturgia
En ocasiones se considera que hay diversas formas de culto, pero en la Iglesia y específicamente en el concilio de Treno (Ses. XXV), se nos enseña que hay un solo culto, que puede vivirse en tres grados. Latría Al primero grado se le denomina «latría» o adoración. Este es exclusivo de Dios. Sólo Dios puede ser adorado, en el Padre por la creación, en el Hijo por la salvación y en el Espíritu Santo por la santificación, ya que, como dice el credo niceno-constantinopolitano la Trinidad «recibe una misma adoración y gloria», además, Jesús nos enseña que solo se debe
P. Fredy Aristizábal
Poesía: Si tú me dices ven…
Si tú me dices «¡ven!», lo dejo todo…No volveré siquiera la miradapara mirar a la mujer amada…Pero dímelo fuerte, de tal modo que tu voz, como toque de llamada,vibre hasta el más íntimo recododel ser, levante el alma de su lodoy hiera el corazón como una espada. Si tú me dices «¡ven!», todo lo dejo.Llegaré a tu santuario casi viejo,y al fulgor de la luz crepuscular;mas he de compensarte mi retardo,difundiéndome ¡Oh Cristo! ¡como un nardode perfume sutil, ante tu altar! Autor: Amado Nervo (1870-1919).
Redacción