Parroquia San Lorenzo del Ingenio, Cabildo. Realizado y enviado por Juan Tapia Contreras [email protected]
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La batalla por el honor
«Quien pierde el honor, ya no puede perder más» Séneca Que somos la generación de lo visual donde la imagen domina el mercado por encima de la palabra es lo que nos han enseñado. De hecho, el marketing mundial se interesa más por la forma de presentar sus productos y servicios, mostrando personas casi perfectas, que por el contenido y la veracidad que pueda haber detrás de cada uno. De este modo, hemos ido entrando en la época donde es más importante el aparentar y persuadir, que la verdad que esconde nuestros actos. Por tanto, el honor se ha convertido
Pbro. Alejandro Morales

San Roberto de Molesmes, san Alberico de Citeaux y san Esteban Harding: los tres padres del Císter
La historia de la Iglesia está marcada por hombres y mujeres que, en momentos de crisis espiritual, escucharon la voz de Dios llamándolos a volver a lo esencial. Entre ellos destacan tres monjes cuya amistad, fidelidad y amor por la vida monástica dieron origen a una de las reformas más importantes de la Edad Media: San Roberto de Molesmes, san Alberico de Citeaux y san Esteban Harding. Aunque cada uno posee una historia propia y una personalidad distinta, la Iglesia los recuerda juntos porque fueron los instrumentos elegidos por Dios para fundar la Orden del Císter, una familia monástica que
P. Fredy Aristizábal
Homilía de san Hilario de Poitiers sobre el salmo 130
«¡Oh Señor!, no se ha engreído mi corazón, ni se han ensoberbecido mis ojos». 1. Este breve Salmo, que exige un tratamiento analítico más que un tratamiento homilético. Nos enseña la lección de la humildad y la mansedumbre. Ahora, dado que hemos hablado muchas veces acerca de la humildad, no hay necesidad de repetir las mismas cosas aquí. Por supuesto que estamos obligados a tener en cuenta la gran necesidad que tenemos de que nuestra fe permanezca en humildad cuando escuchamos al Profeta que la entiende como equivalente al desempeño de los trabajos más altos: ¡Oh Señor!, mi corazón no
Redacción

Breve viacrucis cotidiano
Primera estación: Jesús es condenado a muerte. Porque yo también te he juzgado y condenado en mis hermanos o he dejado con mi silencio que otros lo hagan. Perdón, Señor, perdón. Segunda estación: Jesús carga con la cruz. Por las veces que yo he dejado caer la cruz de mis obligaciones diarias y he renegado de la de mis penas y enfermedades. Perdón, Señor, perdón. Tercera estación: Jesús cae por primera vez. Por las ocasiones en las que he tardado tanto en levantarme de mis penas y aflicciones y por todos mis hermanos que ya no se han levantado. Perdón,
P. Fredy Aristizábal