Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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Beato Enrique Seuse (Suso), OP. El discípulo enamorado de la Sabiduría eterna
Memoria: 25 de enero Hay santos que destacan por sus obras, otros por su predicación y otros por el servicio a los pobres. El Beato Enrique Suso es recordado sobre todo por algo más profundo: fue un hombre apasionadamente enamorado de Jesucristo. Nació hacia el año 1296 en la región alemana de Suabia. Desde muy joven ingresó en la Orden de Predicadores, los dominicos, donde recibió una sólida formación intelectual y espiritual. Sin embargo, su vida cambió de manera decisiva cuando experimentó una profunda conversión interior. Comprendió que no bastaba con estudiar a Dios: era necesario amarlo con todo el corazón.
P. Fredy Aristizábal

Testigos de la fe aun en la tempestad
Este año la Semana Santa nos enseña a redescubrir que es necesario ser testigos de la fe en los momentos de tormenta, de desolación.
P. Fredy Aristizábal
Carta de san Ignacio de Antioquía a los romanos
Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo; a la iglesia que es amada e iluminada por medio de la voluntad de Aquel que quiso todas las cosas que son, por la fe y el amor a Jesucristo nuestro Dios; a la que tiene la presidencia en el territorio de la región de los romanos, siendo digna de Dios, digna de honor, digna de parabienes, digna de alabanza, digna de éxito, digna en pureza, y teniendo la presidencia del amor, andando en la ley
Redacción

Historia del árbol de Navidad
La historia del festivo árbol comienza en los densos bosques de Alemania, en el siglo VIII. El gran san Bonifacio, obispo y apóstol de aquellas tierras, había estado atrayendo un buen número de tribus paganas al rebaño de Jesucristo. Pero su labor no era fácil. A veces, los conversos, cuya fe todavía era vacilante, recaían en las perversas costumbres de sus antepasados. En cierta ocasión, Bonifacio tuvo que realizar un largo viaje a Roma, donde fue a pedir consejo al papa Gregorio II. Meses después, al volver a la región del Bajo Hesse, durante el solsticio de invierno, sorprendió horrorizado
Redacción