Taller de formación para animadores de adolescentes

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Santos Gumesindo y Servideo

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Mártires (+ 853) El martirio de estos dos santos tuvo lugar en Córdoba el día 13 enero 853, y nos lo relata San Eulogio. El primero era natural de Toledo pero desde pequeño había venido con su familia a residir en Córdoba, donde ingresó en la basílica de los SS. Fausto, Jenaro y Marcial. El niño se mostró receptivo al voto que habían hecho sus padres de dedicarlo a la Iglesia. Llegado a la juventud recibió el orden del diaconado y lo ejerció una larga temporada en la misma basílica; luego recibió el orden del

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Epifanía del Señor

Por: Adalberto M. Franquesa, OSB | Fuente: Año Cristiano (2002) La Iglesia en su liturgia considera la obra de la redención más en su sentido místico que en su sentido demasiado realístico. Más que el simple hecho histórico, le interesa el sacramento, el misterio. En cierto modo, la Iglesia podría decir con San Pablo: Si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no le conocemos». En el sentido: que ahora vemos la razón y el fin de todas sus obras. ¡Cuántas veces confiesan los mismos evangeEstas que mientras vivió Jesús no comprendieron el alcance y significación de sus actos! Y el mismo

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Beato Eduardo Waterson

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero y mártir (+ 1593) Era natural de Londres y nació en el seno de una familia anglicana. En su juventud marchó a Turquía, donde le fue ofrecida la mano de una joven rica a condición de que se convirtiera al Islam, lo que fue firmemente rechazado por el joven, que seguidamente abandonó Turquía para volver a su patria. Pero de camino pasó por Roma, donde recibió un fuerte impacto visitando las iglesias y las instituciones católicas, decidiendo ingresar en la Iglesia Católica, lo que llevó a cabo en la propia Ciudad Eterna.

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Regla de san Pacomio

Prefacio de san Jerónimo Por afilada y centelleante que sea una espada, terminará por cubrirse de herrumbre y perder el esplendor de su belleza si permanece durante mucho tiempo en la vaina. Es por esto que, cuando me encontraba afligido por la muerte de la santa y venerable Paula (en esto no obraba yo en contraposición con el precepto del Apóstol, antes bien, aspiraba ardientemente que fuera consolado el gran número de aquellos a quienes su muerte había privado de sostén), acepté recibir los libros que me enviaba el hombre de Dios, el sacerdote Silvano. El mismo los había recibido

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