Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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Poesía: Blanca como un cirio
Blanca como un cirio,pura como un lirio,la Virgen divinaal templo camina,llevando en sus brazos cual rayo de luzal niño Jesús.Cuando Simeónve a Cristo en Siónle toma y le mira,y canta y suspira.María: ¡qué espada de pena y dolorherirá tu amor!La Virgen María,después de aquel día,miraba a Jesús,entre dos ladrones, clavado en la cruz. Autor: Jacinto Verdaguer (1845-1902).
Redacción

¿Qué pueden enseñarnos hoy las beguinas? Una espiritualidad para tiempos de ruido
Cuando pensamos en la Edad Media solemos imaginar un mundo muy lejano del nuestro. Castillos. Monasterios. Ciudades amuralladas. Peregrinos. Caballeros. Una sociedad que parece no tener nada que ver con la vida contemporánea. Sin embargo, ocurre algo curioso cuando leemos a las grandes beguinas. A pesar de los siglos que nos separan de ellas, muchas de sus preguntas se parecen extraordinariamente a las nuestras. Ellas buscaban sentido en medio de un mundo cambiante. Nosotros también. Ellas luchaban por encontrar espacios de silencio en una sociedad cada vez más compleja. Nosotros también. Ellas deseaban una relación auténtica con Dios más allá
P. Fredy Aristizábal
San Paulino de Aquileya
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Obispo (+ 802) Nace en Cividale hacia el año 726 en el seno de una familia dueña de tierras, a cuyo trabajo se dedica inicialmente pero para luego estudiar humanidades hasta acreditarse como magnífico maestro de gramática. Carlomagno, empeñado en un renacimiento de las letras y las artes, lo mandó llamar a su corte, donde ya brillaba la estrella de Alcuino, y lo hizo partícipe de su política cultural y religiosa y miembro destacado de su centro de estudios. Es posible que Paulino ya fuera clérigo antes de ir a la corte, pero de todos modos aceptó el nombramiento
Redacción
Poesía: Si tú me dices ven…
Si tú me dices «¡ven!», lo dejo todo…No volveré siquiera la miradapara mirar a la mujer amada…Pero dímelo fuerte, de tal modo que tu voz, como toque de llamada,vibre hasta el más íntimo recododel ser, levante el alma de su lodoy hiera el corazón como una espada. Si tú me dices «¡ven!», todo lo dejo.Llegaré a tu santuario casi viejo,y al fulgor de la luz crepuscular;mas he de compensarte mi retardo,difundiéndome ¡Oh Cristo! ¡como un nardode perfume sutil, ante tu altar! Autor: Amado Nervo (1870-1919).
Redacción