Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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Beato Pedro Donders
Por: J. I. González Villanueva, OSB | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero (+ 1887) El «Apóstol de los leprosos» se le denomina no sólo al padre Damián (1840-1889) por sus 16 años de servicio en Molokai, sino también a Pedro Donders por sus 27 en Batavia y quizás a otros muchos desconocidos. Pero en el caso de este holandés de origen se acumulan otros tres títulos igualmente desafiantes: «Apóstol de los esclavos» en el Surinam (Guayana holandesa), «Apóstol de los indios» y «Apóstol de los negros cimarrones». Cualquiera de estos apostolados, sumamente dificultosos por las extremas injusticias sociales en las que tuvo que desarrollarlo, hubiese echado atrás
Redacción
Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé
Caacupé es como un estuche de esmeralda que guarda una preciosa joya: la Virgen de los Milagros, hasta la cual no cesan de llegar los peregrinos de toda la república de Paraguay, en busca de consuelo y curas de sus males del espíritu y del cuerpo, o a pagar su deuda por una u otra salud recuperada. En ómnibus, automóviles, carretas, a caballo y de a pie, todos los Paraguayos hemos ido siquiera una vez en nuestras vidas a visitar a nuestra Virgencita de Caacupé en busca de consuelo o para agradecerle alborozados sus divinos bienes. Nos cuenta la historia
Redacción

Evangelio del Pseudo-Mateo (Apócrifo)
Prólogo A A su muy querido hermano el sacerdote Jerónimo, los obispos Cromacio y Heliodoro, salud en el Señor Habiendo encontrado, en libros apócrifos, relatos del nacimiento y de la infancia de la Virgen María y de Nuestro Señor Jesucristo, y, considerando que dichos escritos contienen muchas cosas contrarias a nuestra fe, juzgamos prudente rechazarlos de plano, a fin de que, con ocasión del Cristo, no diésemos motivo de júbilo al Anticristo. Y, mientras nos entregábamos a estas reflexiones, sobrevinieron dos santos personajes, Parmenio y Virino, y nos informaron de que tu santidad había descubierto un volumen hebreo, redactado por el
Redacción
Homilía de san Hilario de Poitiers sobre el salmo 130
«¡Oh Señor!, no se ha engreído mi corazón, ni se han ensoberbecido mis ojos». 1. Este breve Salmo, que exige un tratamiento analítico más que un tratamiento homilético. Nos enseña la lección de la humildad y la mansedumbre. Ahora, dado que hemos hablado muchas veces acerca de la humildad, no hay necesidad de repetir las mismas cosas aquí. Por supuesto que estamos obligados a tener en cuenta la gran necesidad que tenemos de que nuestra fe permanezca en humildad cuando escuchamos al Profeta que la entiende como equivalente al desempeño de los trabajos más altos: ¡Oh Señor!, mi corazón no
Redacción