Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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Epístola de Policarpo a los filipenses
Policarpo y los presbíteros que están con él a la Iglesia de Dios que reside en Filipos; misericordia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso y Jesucristo nuestro Salvador os sea multiplicada. I. Me gocé en gran manera con vosotros en nuestro Señor Jesucristo, por el hecho de que recibisteis a los seguidores del verdadero Amor y los escoltasteis en su camino, como os correspondía hacer —hombres puestos en santas cadenas que son las diademas de los que son verdaderamente escogidos por Dios y nuestro Señor— y que la firme raíz de vuestra fe, cuya fama llega a los tiempos primitivos,
Redacción

Beato Antonio Swiadek. El sacerdote que permaneció junto a su pueblo hasta el final
Memoria: 25 de enero Hay momentos en la vida en los que la fidelidad tiene un precio. El Beato Antonio Świadek supo cuál era ese precio y, aun así, decidió permanecer junto a las personas que Dios le había confiado. Nació el 27 de marzo de 1909 en Pobiedziska, Polonia, en el seno de una familia numerosa y profundamente cristiana. Desde joven sintió la llamada al sacerdocio y realizó sus estudios en el seminario de Gniezno-Poznań. Fue ordenado sacerdote en 1933. Sus primeros años de ministerio estuvieron marcados por una intensa dedicación pastoral. Sirvió como vicario en Bydgoszcz y posteriormente recibió
P. Fredy Aristizábal
Poesía: No me mueve mi Dios
No me mueve, mi Dios, para quererte,el cielo que me tienes prometido,ni me mueve el infierno tan temidopara dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verteclavado en una cruz y escarnecido,muéveme ver tu cuerpo tan herido,muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal maneraque aunque no hubiera cielo yo te amara,y aunque no hubiese infierno te temiera. No me tienes que dar porque te quiera,porque, aunque lo que espero no esperara,lo mismo que te quiero te quisiera.
Redacción
Solemnidad de Santa María Madre de Dios
Por: Ramón Luis M.a Mañas, OSB | Fuente: Año Cristiano (2002) En el marco siempre entrañable de las fiestas navideñas y con la mirada puesta inevitablemente en el nuevo año que comienza, celebramos hoy la solemnidad de Santa María Madre de Dios, festividad que sacada de un cierto olvido al que se la había relegado y devuelta a su prístino contexto litúrgico a raíz del Vaticano II, es expresión y fruto de ese hondo sentimiento de piedad y devoción que desde antiguo viene suscitando en el pueblo cristiano de Oriente y Occidente la contemplación de la maternidad divina de María, uno de los misterios más grandes y singulares de
Redacción