Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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Beato Pedro de Castelnau
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero y mártir (+ 1208) Pedro de Castelnau era natural de Montpellier, donde nace a mediados del s. XII. Habiendo optado por la vida eclesiástica, obtiene el arcedianato de Maguelon en 1199, pero poco después opta por la vida religiosa e ingresa en el monasterio cisterciense de Fontfroide, donde profesa la Regla de San Benito. Su ingreso en la historia se debe a que el papa Inocencio III le encomienda combatir la herejía albigense, vigente por entonces por todo el sur de Francia. En su comitiva por la Provenza como inquisidor tuvo
Redacción

¿Por qué el Papa vive en Roma?
Una pregunta que parece sencilla Cuando pensamos en el Papa, inmediatamente pensamos en Roma. Las imágenes de la Basílica de San Pedro, la Plaza de San Pedro y el Vaticano forman parte del imaginario de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntar algo que parece obvio: ¿Por qué el Papa vive precisamente en Roma? ¿Por qué no en Jerusalén, donde murió y resucitó Jesús? ¿Por qué no en Nazaret o en Belén? ¿Por qué el centro visible de la Iglesia Católica terminó estableciéndose en una ciudad italiana? La respuesta nos lleva a
P. Fredy Aristizábal
Nuestra Señora de los Treinta y Tres
Patrona de Uruguay, su fiesta es el segundo domingo de noviembre. La pequeña imagen de la Virgen de los Treinta y tres es una talla en madera procedente de los talleres de las misiones que los Jesuitas tenían en el Paraguay a mediados del siglo XVIII. La imagen fue confeccionada en alguna de las fábricas guaraníes que florecían en estas famosas misiones. Hacia el 1779 la imagen permaneció en la capilla que los padres jesuitas atendían en el pueblo del Pintado y tiempo después, al trasladarse la población entera hacia lo que hoy es la ciudad de Florida, los vecinos
Redacción

Regla de san Pacomio
Prefacio de san Jerónimo Por afilada y centelleante que sea una espada, terminará por cubrirse de herrumbre y perder el esplendor de su belleza si permanece durante mucho tiempo en la vaina. Es por esto que, cuando me encontraba afligido por la muerte de la santa y venerable Paula (en esto no obraba yo en contraposición con el precepto del Apóstol, antes bien, aspiraba ardientemente que fuera consolado el gran número de aquellos a quienes su muerte había privado de sostén), acepté recibir los libros que me enviaba el hombre de Dios, el sacerdote Silvano. El mismo los había recibido
Redacción