Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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La oración para san Juan María Vianney
«La oración es la elevación de nuestro corazón a Dios, una dulce conversación entre la criatura y su Criador» (Sermón sobre la oración). «Con la oración todo lo podéis, sois dueños, por decirlo así, del querer de Dios» (Sermón sobre la perseverancia). «La oración abre los ojos del alma, le hace sentir la magnitud de su miseria, la necesidad de recurrir a Dios y de temer su propia debilidad» (Sermón sobre la oración). «Todos los males que nos agobian en la tierra vienen precisamente de que no oramos o lo hacemos mal» (Sermón sobre la oración). «Todos los santos comenzaron su conversión por la
Redacción
Beato Antonio Fatati
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Obispo (+ 1484) Era natural de Ancona, y habiendo optado por el sacerdocio, se negó a ser un sacerdote instalado o mundano, como tantos de su tiempo. Ejerció con celo y piedad su cargo de canónigo arcipreste de la catedral de Ancona, y, habiéndolo conocido, el papa Nicolás V lo hizo su capellán mayor y lo nombró canónigo de San Pedro del Vaticano. Más tarde lo mandó a la Marca de Ancona, en donde ejerció los cargos de tesorero, gobernador y vicario papal. Y lo nombró obispo de Teramo. Pío II le mostró
Redacción
Beata Laura Vicuña
Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Virgen (+ 1904) Esta angelical niña es una gloria evidente de la congregación de las Hijas de María Auxiliadora, que fueron las que infundieron los sentimientos de piedad que la llevaron en tan breve plazo de tiempo a la altura de las virtudes heroicas. Nació en Santiago de Chile el 5 de abril de 1891. Cuando tenía dos años sus padres se trasladaron a vivir a Temuco, al sur de Chile, huyendo de la inquietud revolucionaria que había en la capital. Aquí le nacería una hermana y no mucho después moriría su
Redacción

Historia del árbol de Navidad
La historia del festivo árbol comienza en los densos bosques de Alemania, en el siglo VIII. El gran san Bonifacio, obispo y apóstol de aquellas tierras, había estado atrayendo un buen número de tribus paganas al rebaño de Jesucristo. Pero su labor no era fácil. A veces, los conversos, cuya fe todavía era vacilante, recaían en las perversas costumbres de sus antepasados. En cierta ocasión, Bonifacio tuvo que realizar un largo viaje a Roma, donde fue a pedir consejo al papa Gregorio II. Meses después, al volver a la región del Bajo Hesse, durante el solsticio de invierno, sorprendió horrorizado
Redacción