Tomado de EDPAJ. San Juan de los Lagos.
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Poesía: Quiero creer
Porque, Señor, yo te he vistoy quiero volverte a verquiero creer. Te vi, sí, cuando era niñoy en agua me bauticé,y, limpio de culpa vieja,sin verlos te pude ver.Quiero creer. Devuélveme aquellas purastransparencias de aire fiel,devuélveme aquellas niñasde aquellos ojos de ayer.Quiero creer. Limpia mis ojos cansados,deslumbrados del cimbel,lastra de plomo mis párpadosy oscurécemelos bien.Quiero creer. Ya todo es sombra y olvidoy abandono de mi ser.Ponme la venda en los ojos.Ponme tus manos también.Quiero creer. Tú que pusiste en las flores rocío,y debajo miel,filtra en mis secas pupilasdos gotas frescas de fe.Quiero creer. Porque, Señor, yo te he vistoy quiero
Redacción

Sobre los Ocho Espíritus Malvados por Evagrio Póntico
La Gula[1] Capítulo I El origen del fruto es la flor y el origen de la vida activa[2] es la templanza[3]; quien domina el propio estómago hace disminuir las pasiones, al contrario, quien es subyugado por la comida incrementa los placeres. Como Amalec es el origen de los pueblos, así la gula lo es de las pasiones. Como la leña es alimento del fuego así la comida es alimento del estómago. La mucha leña alienta una gran llama y la abundancia de comida nutre la concupiscencia. La llama se extingue cuando hay menos leña y la penuria en la comida
Redacción

Manual del Animador Juvenil
Parroquia San Lorenzo del Ingenio, Cabildo. Realizado y enviado por Juan Tapia Contreras [email protected]
Pastoral Juvenil Coyuca

¡PREPÁRATE PARA VIVIR! Una invitación a la vida Pascual desde la sinfonía n°2 de Gustav Mahler
En estos días donde la muerte nos ha inundado con su frialdad, surge el calor de la vida, de los corazones tristes y enfermos brota la esperanza como un renuevo de olivo entorno a la mesa del Señor. Aunque la peste ronde nuestras calles y haya arrebatado la vida de miles de nuestros hermanos, se abre para nosotros una puerta, se pone ante nuestros ojos un camino, es la vida, si la vida. He aquí el mayor tesoro que se ha puesto en nuestras manos, el don más grande e inmerecido.
José Daniel Largo Jiménez