Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002)

Seglar y mártir (+ 1840)

En la persecución coreana contra el cristianismo menudearon las acciones heroicas. Algunas de ellas tuvieron como protagonista a San Andrés Chong (Tyong) Hwa Gyong. Estaba unido por firmes lazos de fe y de verdadera religiosidad, al tiempo que por un afecto nacido de la sintonía y la colaboración, con el santo obispo Lorenzo Imbert, tercer vicario apostólico de Corea y que sellaría su ministerio con el testimonio de su sangre.

Andrés era catequista y en esta tarea había demostrado su celo apostólico, preparando a muchos para el bautismo e instruyendo a los ya fieles en los deberes y creencias de la religión.

Al arreciar la persecución, no dudó en ofrecer su casa como refugio para los cristianos que debían abandonar la suya en la esperanza de salvar la vida, y que se convertía así para numerosos hermanos en la fe en una puerta de escape a la muerte que se veía como segura en caso de ser descubiertos y apresados.

Pero la actividad de Andrés era peligrosa y él lo sabía; no obstante, pensó que era una gran obra de caridad esconder a los fugitivos aun a pesar del propio peligro y lo hacía con sencillez y buena voluntad.

Fue descubierto y por ello arrestado y llevado ante la autoridad civil que inmediatamente le intimó a renegar de Cristo o perder la vida. Andrés se mantuvo firme en confesar a Jesús como salvador, y para apartarlo de esta fe se le condenó primero a recibir cien azotes, cien terribles azotes, que recibió con ánimo sereno, aunque el tormento era verdaderamente espantoso pues el cuerpo quedaba totalmente magullado y llagado, en un baño de dolor.

Terminado el tormento, fue llevado a la cárcel y allí languideció hasta que, habiéndose vuelto a negar a la apostasía, en la propia prisión fue estrangulado el 23 de enero del año 1840. El martirio tuvo lugar en la ciudad de Seúl. Y en esa misma ciudad el papa Juan Pablo II canonizó a éste y a los otros mártires de Corea el día 6 de mayo de 1984.