¿Cómo nació el monasterio de Citeaux?

Las grandes obras de Dios suelen comenzar de forma discreta.

Belén era una aldea desconocida.

Nazaret era un pueblo insignificante.

Los primeros apóstoles eran pescadores.

Y Citeaux era un lugar pantanoso y desolado.

Sin embargo, desde aquel rincón perdido de Francia surgiría una de las mayores renovaciones espirituales de la Edad Media.

Un sueño de fidelidad

A finales del siglo XI, Roberto de Molesmes era abad de un monasterio benedictino que había alcanzado prestigio y estabilidad.

Pero había un problema.

Aquello que había comenzado como una búsqueda apasionada de Dios empezaba a acomodarse.

La abundancia económica y las comodidades amenazaban el fervor de los primeros tiempos.

Roberto comprendió que no bastaba con corregir algunos excesos.

Era necesario volver a las fuentes.

Volver a la Regla de San Benito.

Volver a la sencillez.

Volver a Dios.

La partida hacia lo desconocido

El 21 de marzo de 1098, Roberto, Alberico, Esteban Harding y otros monjes abandonaron Molesmes.

No buscaban una aventura.

Buscaban fidelidad.

Llegaron a una región aislada llamada Citeaux.

Era un lugar inhóspito.

Bosques espesos.

Tierras difíciles.

Escasas posibilidades de supervivencia.

Precisamente por eso lo eligieron.

Querían evitar cualquier distracción y construir una comunidad centrada únicamente en Dios.

Los años del aparente fracaso

Los comienzos fueron durísimos.

Había poco alimento.

Pocas vocaciones.

Pocos recursos.

La nueva fundación parecía condenada a desaparecer.

Humanamente hablando, Citeaux era un fracaso.

Sin embargo, aquellos monjes siguieron adelante.

No porque vieran resultados.

Sino porque estaban convencidos de que Dios los había llamado.

La llegada de Bernardo

Todo cambió en 1112.

Un joven noble llamado Bernardo llegó acompañado de varios compañeros.

Su entusiasmo transformó la historia del monasterio.

Poco después fundaría Claraval.

La expansión fue extraordinaria.

En pocas décadas el Císter se extendió por toda Europa.

Una enseñanza para nuestro tiempo

La historia de Citeaux nos recuerda que Dios no mide las cosas como nosotros.

Nosotros buscamos resultados inmediatos.

Dios busca fidelidad.

Los fundadores del Císter no sabían que estaban cambiando la historia.

Simplemente intentaban ser fieles.

Y precisamente por eso Dios hizo grandes cosas a través de ellos.

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

En busca de una vacuna «A hombros de gigantes»

«Si he llegado a ver más lejos que otros es porque me subí a hombros de gigantes» Isaac Newton Como una amenaza mortal es vista actualmente la pandemia que afecta no solo la estabilidad de nuestras vidas sino la continuidad de nuestra existencia, especialmente para nuestros adultos mayores. La búsqueda de una vacuna se ha convertido para el mundo y las grandes industrias farmacéuticas, en una carrera por el monopolio de la patente exitosa; así a esta altura de la carrera, frente a una enfermedad que ha cambiado el estilo de vida de toda una sociedad, cabe preguntarnos ¿cuál es

Leer más »

Evangelio del Pseudo-Mateo (Apócrifo)

Prólogo A A su muy querido hermano el sacerdote Jerónimo, los obispos Cromacio y Heliodoro, salud en el Señor  Habiendo encontrado, en libros apócrifos, relatos del nacimiento y de la infancia de la Virgen María y de Nuestro Señor Jesucristo, y, considerando que dichos escritos contienen muchas cosas contrarias a nuestra fe, juzgamos prudente rechazarlos de plano, a fin de que, con ocasión del Cristo, no diésemos motivo de júbilo al Anticristo. Y, mientras nos entregábamos a estas reflexiones, sobrevinieron dos santos personajes, Parmenio y Virino, y nos informaron de que tu santidad había descubierto un volumen hebreo, redactado por el

Leer más »