Asesores Juveniles 4: Orientación y seguimiento personal

Experiencia de formación y capacitación. Ciudad de México, 2001.  

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Nuestra Señora Aparecida

Corre el año 1716 cuando, en el río Paraíba, tres pescadores trataban de ganarse la vida, pero no conseguían pesca. Fue entonces que alzaron de las aguas con sus redes una hermosa figura de terracota de Nuestra Señora de la Concepción.  Una vez colocada la imagen en su canoa, la pesca fue tan abundante, que aquellos hombres regresaron a puerto llenos de temor, porque su frágil embarcación parecía hundirse, incapaz de sostener el enorme peso de la pesca. No se sabe cómo la pequeña imagen de solo 36 centímetros fue a parar al río, pero sí se conoce a su autor,

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El báculo del obispo: el cayado del Buen Pastor que guía al Pueblo de Dios

Entre todas las insignias episcopales, quizá ninguna resulta tan fácil de comprender como el báculo. A diferencia de otros símbolos cuyo significado puede pasar desapercibido, el báculo evoca inmediatamente una imagen conocida por todos: la del pastor que cuida de su rebaño. Cuando vemos a un obispo sostener el báculo durante una celebración solemne, estamos contemplando mucho más que un objeto ceremonial. Estamos contemplando un signo de Cristo mismo. Porque antes de ser símbolo del obispo, el báculo es símbolo del Buen Pastor. Un pastor con olor a oveja La imagen del pastor atraviesa toda la Biblia. Moisés fue pastor.

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Poesía: Cuantas veces, Señor, me habéis llamado

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,y cuántas con vergüenza he respondido,desnudo como Adán, aunque vestidode las hojas del árbol del pecado! Seguí mil veces vuestro pie sagrado,fácil de asir, en una cruz asido,y atrás volví otras tantas, atrevido,al mismo precio que me habéis comprado Besos de paz Os di para ofenderos,pero si, fugitivos de su dueño,hierran, cuando los hallan, los esclavos, hoy me vuelvo con lágrimas a veros:clavadme vos a vos en vuestro leñoy tendreisme seguro con tres clavos. Autor: Lope de Vega (1562-1635).

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Beato Enrique Seuse (Suso), OP. El discípulo enamorado de la Sabiduría eterna

Memoria: 25 de enero Hay santos que destacan por sus obras, otros por su predicación y otros por el servicio a los pobres. El Beato Enrique Suso es recordado sobre todo por algo más profundo: fue un hombre apasionadamente enamorado de Jesucristo. Nació hacia el año 1296 en la región alemana de Suabia. Desde muy joven ingresó en la Orden de Predicadores, los dominicos, donde recibió una sólida formación intelectual y espiritual. Sin embargo, su vida cambió de manera decisiva cuando experimentó una profunda conversión interior. Comprendió que no bastaba con estudiar a Dios: era necesario amarlo con todo el corazón.

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