San Enrique de Upsala

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002)

Obispo y mártir (+ 1160)

Se trataba de un clérigo inglés que fue incluido entre los acompañantes de Nicolás Breakspear, el futuro papa Adrián IV, cuando antes de serlo fue enviado como legado papal a los países escandinavos en 1151 con el fin de revisar la situación de la Iglesia en ellos y proceder a las reorganizaciones necesarias.

Una de las medidas tomadas por el cardenal Breakspear fue la de nombrar obispo de Upsala a Enrique. Y por ello, terminada su misión, el cardenal regresó a Roma pero Enrique se quedó en Suecia.

Los finlandeses, que eran paganos, no dejaban de molestar con diversas incursiones el reino de Suecia, y su rey, San Erico IX, pensó que había que ponerles freno haciéndoles una guerra formal. Dado que se trataba de paganos, no fue difícil calificar la guerra como cruzada, la cual recibió el apoyo del obispo Enrique, que incluso acompañó al soberano en la ida del ejército. Erico, antes de proceder a la batalla, ofreció la paz a los finlandeses pero a condición de que se hicieran cristianos. Los finlandeses se negaron a cambiar de religión y la batalla se hizo inevitable. En la misma los suecos ganaron de forma determinante y como consecuencia de ella se produjo la unión de ambos países, que duraría varios siglos. Enrique no volvió a Suecia sino que se quedó en Finlandia, concretamente en Turku, donde situó su puesto misional. Y puso todo su celo en convertir a los finlandeses, logrando que en efecto algunos recibieran el bautismo.

El 19 de enero del año 1160 Enrique fue asesinado. El autor de esta muerte fue un cristiano a quien él había excomulgado como reo de un homicidio. Y esta muerte fue tenida por martirio, ya que se debió a que Enrique había cumplido con su deber de amonestar y castigar al culpable de un crimen. Era claro que la causa del evangelio en Finlandia necesitaba que los conversos llevaran una vida ejemplar.

Enrique fue tenido por santo y por mártir enseguida. No consta que en efecto Adrián IV lo canonizara, como se ha venido diciendo, pero sí es cierto que Bonifacio VIII estuvo de acuerdo en que se le dedicara la catedral de Turku, donde fueron llevadas sus reliquias.

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