Beatos Vicente Lewoniuk y doce compañeros

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002)

Mártires (+ 1874)

El martirio de estos bienaventurados se produjo en el curso de la campaña llevada adelante por el gobierno de los zares para acabar con la iglesia uniata y hacer que sus fieles volvieran por la fuerza a la iglesia ortodoxa. Cuando Polonia es repartida entre varios soberanos y un trozo de ella queda bajo el dominio del zar, los intentos de acabar con la Iglesia Católica en sus dominios empezaron por la pretensión de acabar ante todo con las comunidades uniatas, es decir con las comunidades de fieles ortodoxos que se habían pasado a la comunión con el Papa. Se trataba de deshacer lo conseguido con la Unión de Brest del año 1596 cuando numerosas comunidades ortodoxas entraron en comunión con Roma, conservando su jerarquía y su liturgia.

La zarina Catalina II en 1794 suprimió la iglesia uniata en Ucrania. En 1839 el zar Nicolás I la suprimió oficialmente en Bielorrusia y Lituania. En la zona polaca del Imperio zarista solamente quedó la diócesis de Chelm y el zar Alejandro II se propuso también acabar con ella. Para ello se fijó la fecha de enero de 1874 como tiempo en que la liturgia ortodoxa, es decir sin mención del Papa, se restablecería en las iglesias uniatas. A los sacerdotes y obispos que no aceptaron esta determinación se les destituyó y fueron deportados muchos de ellos a Siberia. A los fieles se les dejó sin pastores en la convicción de que así no serían capaces de resistir.

La resistencia uniata fue heroica y en numerosos sitios se produjeron víctimas de esta resistencia, concretamente en toda Podlasia, donde cada parroquia suscribió con sangre su fidelidad a la voluntad de Cristo. En 1875, ya producido el martirio de que ahora hablamos, el zar abolió la diócesis de Chelm; los fieles que se mantuvieron en la fe católica fueron atendidos a lo largo de los años por los sacerdotes de aquellas zonas de Polonia que quedaron bajo administración austríaca o alemana. La libertad religiosa llegó el 30 de abril de 1905 cuando el zar Ni colas II la decretó, y se pudieron de nuevo inscribir como iglesia uniata los muchos fieles que habían perseverado.

Aunque hubo más martirios en la zona de Podlasia, en 1938 se eligió a los mártires de Pratulin como símbolo de la resistencia y se promovió su causa de beatificación, otorgada finalmente por el papa Juan Pablo II el 6 de octubre de 1996.

El martirio aconteció así. El 24 de enero de 1874 llegaron las tropas del zar a Pratulin dispuestas a acabar con la comunidad uniata de grado o por la fuerza. Trece hombres católicos decidieron defender con sus vidas la parroquia situándose en ella o a sus puertas. Llegadas las tropas, el acceso a la iglesia estaba ocupado por estos trece confesores de la fe. Las tropas intentaron convencerles, alegaron las razones del zar y les dijeron que tenían orden de disparar si no permitían el acceso a la iglesia y su adscripción al culto ortodoxo.

Los mártires contestaron firmemente que no abandonarían su fe y que estaban dispuestos a dar la vida por ella. Y viendo que las tropas iban a disparar, se arrodillaron en el cementerio lindante con la iglesia y entonaron un himno religioso. Uno de ellos llevaba como enseña un crucifijo grande. A la última amenaza respondieron: «Es dulce morir por la fe». Los soldados dispararon hasta que todos los mártires cayeron heridos. Unos murieron allí, otros fueron llevados a sus casas, donde fallecieron.

Éstos son sus nombres y datos personales:

Vicente Lewoniuk, natural de Woroblina, de 25 años, de estado casado. Fue el primero en caer muerto.

Daniel Karwasz, natural de Legow, de 48 años, de estado casado. Encabezaba la fila llevando el crucifijo, el cual todavía se conserva.

Lucas Bojko, natural de Legow, de estado soltero, de 22 años de edad, el cual había sido el que tocó las campanas para alentar la defensa.

Bartolomé Osypiuk, natural de Bohukaly (Polonia) de 30 años y estaba casado con Natalia, tenía dos hijos. En el pueblo era respetado por todos por su honestidad, sagacidad y religiosidad. Gravemente herido, fue llevado a su casa, donde murió orando por sus perseguidores.

Honofrio Wasyluk, natural de Zaczopki (Polonia), de 21 años y estaba casado. Buen católico y hombre justo, amado por todos.

Felipe Geryluk natural de Zaczopki (Polonia), de 44 años de edad y estaba casado. Por el testimonio de su nieto era un buen padre de familia, devoto y honesto. Junto a la iglesia animó a los otros a la perseverancia y él mismo dio la vida por la fe.

Constantino Bojko, natural de Zaczopek, de estado casado, de 48 años de edad, jornalero del campo y persona de buena fama por su vida piadosa.

Aniceto Hryciuk natural de Zaczopki (Polonia), de 19 años y soltero. Joven bueno, religioso y educado en el amor hacia la iglesia. Saliendo de su casa con la comida para los defensores le dijo a su madre: «Quizás también yo sea digno de dar la vida por la fe».

Ignacio Franczuk natural de Derlo (Polonia), tenía 50 años, estaba casado con Elena con quien tuvo 7 hijos. De su hijo sabemos que educó a sus hijos en el temor de Dios. La fidelidad a Dios era para él el valor más importante. Preparándose para ir a Pratulin para defender la iglesia, se puso un traje limpio afirmando que todo podía suceder, como que él no regresase más. Después de la muerte de Daniel Karmasz cogió su cruz y se puso en primera fila con los defensores.

Juan Andrzejuk, nació en Drelów (Polonia), tenía 26 años y estaba casado con Marina de quien tuvo dos hijos. Estimado por todos como hombre bueno y prudente. Mientras se encaminó a Pratulin para defender la iglesia, se despidió de todos presintiendo que era la última vez que los veía. Gravemente herido fue trasladado a su casa, donde murió durante la noche.

Constantino Lukaszuk, nació en Zaczopki (Polonia), tenía 45 años y estaba casado. Fue herido y murió a causa de ello.

Máximo Hawryluk, natural de Bohukaly (Polonia), tenía 34 años y estaba casado con Dominica, querido por la gente como hombre bueno y honesto. Herido gravemente en la iglesia, murió al día siguiente.

Miguel Wawryszuk, nació en Derlo (Polonia), tenía 21 años y era soltero. Trabajaba en la hacienda de Pablo Pikula en Derlo. Gozaba de buena fama. Gravemente herido en la iglesia de Pratulin, murió un día después en Derlo.

Los trece mártires fueron sepultados por los soldados rusos sin respeto, sin la participación de sus familiares y sin dejar ningún signo sobre su tumba. Los parroquianos de Pratulin afortunadamente no olvidaron a sus hermanos mártires y a partir de 1918, cuando Polonia reconquistó la libertad, la tumba comenzó a ser objeto de veneración. Los restos de los mártires fueron trasladados a la iglesia parroquial el 18 de mayo de 1990.

El hecho de Pratulin no fue un acto esporádico. Particularmente desde 1874, cada parroquia uniata en Polonia escribio su historia de martirio. El zar abolió oficialmente la diócesis uniata de Chelm en 1875 y los uniatas, contra su voluntad, fueron unificados a la Iglesia ortodoxa rusa. Los uniatas no aceptaron la situación y por su fidelidad a la Iglesia católica pagaron muchas veces con la muerte u otras penas. Bajo el poder ruso se quedaron sin pastores, pero a pesar de ello recibieron la ayuda pastoral de los sacerdotes católicos de las zonas polacas que quedaron bajo el poder austriaco y alemán. La gran fe de los uniatas y la ayuda solidaria recibida de Iglesia católica les permitieron superar la persecución y llegar finalmente a la libertad religiosa, oficializada el 30 de abril de 1905 por el zar Nicolás II. Fueron beatificados el 6 de octubre de 1996 por el papa Juan Pablo II.

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