Más allá de los Doce
Cuando pensamos en los seguidores de Jesús, normalmente recordamos a los Doce Apóstoles. Sin embargo, los Evangelios muestran que el círculo de discípulos era mucho más amplio.
El Evangelio de Lucas narra un episodio poco conocido pero de enorme importancia: Jesús escogió a setenta y dos discípulos y los envió delante de Él a los pueblos y aldeas donde pensaba ir.
Este detalle revela algo fundamental. La misión de anunciar el Reino de Dios no fue confiada únicamente a los Doce. Desde el principio, Jesús involucró a muchos otros discípulos en su obra evangelizadora.
El envío de los setenta y dos
Lucas relata:
«Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos y los envió de dos en dos delante de Él» (Lc 10,1).
La expresión «otros setenta y dos» es importante.
Significa que este grupo es distinto de los Doce Apóstoles mencionados anteriormente.
Los Doce tenían una misión singular dentro del plan de Dios, pero no eran los únicos colaboradores de Jesús.
Existía un grupo más amplio de discípulos que también participaba activamente en el anuncio del Evangelio.
¿Por qué setenta y dos?
El número no parece casual.
Muchos estudiosos creen que alude a la lista de pueblos de la tierra mencionada en el Génesis.
En la tradición judía, el número setenta o setenta y dos llegó a simbolizar la totalidad de las naciones paganas.
Si esta interpretación es correcta, el mensaje resulta hermoso: mientras los Doce representan a las doce tribus de Israel, los setenta y dos simbolizan la futura misión universal de la Iglesia.
Jesús no viene solamente para Israel.
Su mensaje está destinado a todos los pueblos.
Enviados de dos en dos
Jesús no envía a los discípulos individualmente.
Los envía de dos en dos.
La decisión tiene una dimensión práctica y otra espiritual.
Prácticamente, los compañeros podían ayudarse mutuamente en los viajes.
Pero además existía una razón bíblica: en la tradición judía, el testimonio de dos personas tenía mayor credibilidad que el de una sola.
La evangelización aparece así como una misión comunitaria.
Nadie anuncia el Evangelio completamente solo.
Una misión sencilla
Las instrucciones de Jesús son sorprendentes.
No les entrega riquezas.
No les proporciona medios extraordinarios.
No les promete comodidad.
Al contrario, les dice:
«No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias».
Deben confiar en la providencia de Dios y en la hospitalidad de quienes los reciban.
La fuerza de la misión no proviene de los recursos materiales, sino del mensaje que anuncian.
¿Qué debían anunciar?
El núcleo de su predicación era sencillo:
«El Reino de Dios está cerca».
Esa fue también la predicación de Jesús.
Los discípulos no anuncian sus propias ideas.
No buscan fama personal.
No promueven una filosofía particular.
Proclaman que Dios está actuando y que la humanidad está siendo invitada a entrar en una nueva relación con Él.
El regreso lleno de alegría
Después de cumplir su misión, los setenta y dos regresan llenos de entusiasmo.
Le cuentan a Jesús que incluso los demonios se les sometían en su nombre.
Sin embargo, la respuesta del Señor es sorprendente.
Les dice:
«No os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres están escritos en el cielo».
Jesús les recuerda que el verdadero motivo de alegría no son los éxitos apostólicos.
Lo más importante es la amistad con Dios.
La misión es valiosa, pero la comunión con el Señor lo es todavía más.
¿Quiénes eran?
El Evangelio no conserva los nombres de la mayoría de estos discípulos.
Y quizá precisamente ahí se encuentra una enseñanza importante.
Los Doce tienen nombres conocidos porque desempeñaron una función fundacional en la Iglesia.
Los setenta y dos representan a todos esos discípulos anónimos que, a lo largo de la historia, han colaborado silenciosamente en la expansión del Evangelio.
Son los cristianos corrientes.
Los que sirven sin protagonismo.
Los que anuncian a Cristo sin aparecer en los libros de historia.
Lo que aprendemos hoy
Este episodio corrige una idea equivocada que a veces aparece entre los creyentes.
Algunos piensan que la evangelización es tarea exclusiva de sacerdotes, religiosos o especialistas.
Sin embargo, Jesús envió a un grupo mucho más amplio de discípulos.
La misión pertenece a toda la Iglesia.
Cada bautizado está llamado a dar testimonio de Cristo según su propia vocación y circunstancias.
No todos predicarán desde un púlpito.
No todos viajarán a tierras lejanas.
Pero todos pueden ser portadores del Evangelio en su familia, su trabajo, su comunidad y sus relaciones cotidianas.
Los discípulos desconocidos que cambiaron el mundo
No sabemos qué fue de la mayoría de los setenta y dos discípulos.
Sus nombres se perdieron en la historia.
Sin embargo, su ejemplo permanece.
Ellos recuerdan que el Reino de Dios no avanza solamente gracias a figuras extraordinarias. También crece gracias a innumerables discípulos anónimos que responden generosamente a la llamada de Jesús.
Quizá por eso este grupo resulta tan cercano al cristiano de hoy.
Pocos serán Pedro o Pablo.
Pero todos podemos formar parte de aquellos discípulos que escucharon la voz del Maestro, aceptaron ser enviados y colaboraron humildemente en la extensión del Reino de Dios.

