Pastoral Juvenil de Caldas, Antioquia, Colombia. Material donado por Fernando Mejia [email protected]
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Santo Tomás de Cori
Por: Manuel Garrido Bonaño, OSB | Fuente: Año Cristiano (2002) Presbítero (+ 1729) Nació en Cori el 4 d e junio de 1655. Fueron sus padres Natal Placidi y Angela Cardilli. En el bautismo le impusieron el nombre de Francisco Antonio. Desde su más tierna infancia se distinguió por su piedad. Todas las mañanas participaba en la santa misa que se celebraba en el santuario de la Virgen del Socorro. Pronto perdió a su madre y también a su padre, cuando tenía 14 años. Por eso tuvo que afanarse en el trabajo para llevar adelante a sus hermanas. Cuando tuvo arreglado un modo decoroso de vida para
Redacción

La mirada fija en el Padre. Reflexión 5to domingo de Cuaresma (A)
En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba
Pbro. Mauricio Montoya Vásquez
San Fructuoso y sus diáconos
Por: Miguel Melendres | Fuente: Año Cristiano (2002) Mártires (+ 259) Apenas parpadeaba el siglo V, cuando Aurelio Prudencio, la mejor lira hispana que ha vibrado en latín, agitaba con versos incendiados las llamas del martirio de Fructuoso, obispo de Tarragona, que subió a la pira crepitante como a un pontifical: acompañado de ministros. Pesaban sobre la cabeza del poeta calagurritano, según confiesa él mismo, «cinco décadas de años y siete años más», cuando cayó en la cuenta de que ante el tribunal de Dios no han de valer los días gastados en el culto de las mundanas vanidades «sin ocuparse del Señor con quien tan sólo
Redacción

Epístola a Diogneto
I. Como veo, muy excelente Diogneto, que tienes gran interés en comprender la religión de los cristianos, y que tus preguntas respecto a los mismos son hechas de modo preciso y cuidadoso, sobre el Dios en quien confían y cómo le adoran, y que no tienen en consideración el mundo y desprecian la muerte, y no hacen el menor caso de los que son tenidos por dioses por los griegos, ni observan la superstición de los judíos, y en cuanto a la naturaleza del afecto que se tienen los unos por los otros, y de este nuevo desarrollo o interés, que ha
Redacción