San Jaime Hilario Manuel Barbal Cosán

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002)

Religioso y mártir (+ 1937)

Nació en Enviny, diócesis de Urgel, el 2 de enero de 1898, y en el bautismo se le pusieron los nombres de Manuel Juan Daniel. Estudió con los paúles en Rialp y luego ingresó en el seminario donde estudió algunos años. Pero sintiéndose llamado a la vida religiosa, ingresó en la congregación de Hermanos de las Escuelas Cristianas, de San Juan B. de la Salle. Ingresó en el noviciado de Mollerusa en septiembre de 1916, pasando luego al llamado noviciado mayor y recibiendo con el hábito religioso el nombre de Jaime Hilario. Hizo el año de probación en Mollerusa y el 27 de julio de 1919 pudo emitir los votos religiosos.

El hermano Jaime Hilario fue un religioso ejemplar. Era amable, servicial, humilde y obediente, muy dado al estudio y la oración y un excelente profesor. Era devoto de la Eucaristía y de la Virgen María, a la que rezaba varios rosarios al día.

En 1926 fue enviado a Francia, concretamente al colegio de su congregación en Pibrac y allí emitió el 26 de agosto su profesión perpetua. Se le encomendó enseñar español y también catecismo, pero empezó a tener un problema: se estaba quedando sordo. Por ello se le encomendó la tarea del fomento de las vocaciones y más tarde la administración de un campo. Ocupaba sus ratos libres en escribir un comentario a las constituciones de la congregación. Pese a su sordera, seguía participando en el coro del colegio.

En marzo de 1934 lo destinaron de nuevo a España, al pueblo de Calat, y se le encomendó la cocina, en lo que puso su mejor voluntad, y en diciembre de aquel mismo año se le envió a Cambrils, junto a Tarragona, con el oficio de hortelano. En todas partes admiró a todos por su sencillez y humildad y por la paciencia con que llevaba su deficiencia física y procuraba ser útil a la comunidad.

Llegado el 18 de julio de 1936 en que España quedó dividida en dos zonas de tan diferentes regímenes políticos, el Hno. Jaime quedó en la zona republicana, y en ella comenzaron a agravarse las dificultades que la Iglesia venía padeciendo desde la proclamación de la II República en 1931. Se generalizaron las quemas de iglesias y conventos, los asesinatos de sacerdotes y religiosos y la destrucción o cierre de todas las casas religiosas.

El Hno. Jaime Hilario fue detenido con otras personas en Mollerusa el día 24 de agosto de 1936 y llevado preso a Lérida, en cuya cárcel fue encerrado. Padeció no poco en su encierro y hubo de soportar repetidos interrogatorios, que su calidad de sordo hacía muy laboriosos. El religioso no perdió la tranquilidad de ánimo. El día 7 de diciembre de 1936 fue llevado al buque Mahón, surto en el puerto de Tarragona, y allí estuvo hasta el día 17 de enero de 1937 en que hubo de comparecer ante el Tribunal Militar de Tarragona. Se le acusó de actividades fascistas y de haber formado fascistas. A la propuesta de que no dijera que era religioso sino solamente hortelano, él contestaba que era religioso hortelano. Por ello no dudó en confesar ante el tribunal popular su condición de religioso. El tribunal lo condenó a muerte y confiscación de bienes. Conoció la sentencia con serenidad y paz interior. Y esa misma paz la mantuvo el día siguiente en la cárcel llamada Castillo de Pilatos, en la que junto con otros presos oró, cantó y adoró la sagrada Forma que uno de los presos pudo recibir de fuera. En una carta pidió que no lloraran por él, y que, condenado por ser religioso, recibía la sentencia con alegría y esperaba verlos a todos en el paraíso. En la oración y la paciencia se preparó para la muerte.

Ésta le fue infligida el día 18 de enero de 1937 en un suburbio de Tarragona poco después del mediodía. Puso las manos sobre el pecho, dirigió los ojos al cielo y aguantó la descarga de balas que cayeron sobre él y que acabaron con su vida terrena. El Señor lo recogió en su gloria. Así consta puesto que el papa Juan Pablo II lo canonizó el 21 de noviembre de 1999 junto con los mártires de Turón y es por ello el primer mártir de la guerra española que alcanza la canonización.

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