¿Cuál es la diferencia entre benedictinos y cistercienses?

Muchas personas creen que los benedictinos y los cistercienses son órdenes completamente distintas.

Sin embargo, la realidad es más interesante.

Los cistercienses nacieron precisamente del corazón de la tradición benedictina.

Podríamos decir que los benedictinos son el tronco y los cistercienses una de sus ramas más fecundas.

Un mismo padre espiritual

Tanto benedictinos como cistercienses siguen la Regla de San Benito.

Ambos comparten:

  • la vida comunitaria,
  • la oración litúrgica,
  • el trabajo,
  • la estabilidad monástica,
  • la búsqueda de Dios.

Su raíz es exactamente la misma.

Entonces, ¿por qué nació el Císter?

A finales del siglo XI algunos monjes consideraban que ciertos monasterios habían suavizado demasiado la observancia de la Regla.

No se trataba de corrupción generalizada.

Se trataba más bien de una inquietud espiritual.

Roberto de Molesmes, Alberico y Esteban Harding deseaban volver a vivir la Regla con mayor radicalidad.

Así nació Citeaux.

La búsqueda de la simplicidad

La principal diferencia entre ambos no es doctrinal.

Es espiritual y práctica.

Los primeros cistercienses insistieron especialmente en:

  • la austeridad,
  • el trabajo manual,
  • la pobreza,
  • la sencillez litúrgica,
  • la sobriedad arquitectónica.

Mientras algunos monasterios benedictinos poseían iglesias muy ornamentadas, los cistercienses preferían construcciones simples y luminosas.

El papel de San Bernardo

San Bernardo dio al Císter una identidad muy marcada.

Su insistencia en el amor a Cristo, la humildad y la contemplación influyó profundamente en la espiritualidad cisterciense.

Gracias a él, la orden se expandió rápidamente.

Más semejanzas que diferencias

Con frecuencia se exageran las diferencias.

En realidad, ambos comparten mucho más de lo que los separa.

Los dos buscan vivir el Evangelio según el espíritu de San Benito.

Los dos han dado innumerables santos a la Iglesia.

Los dos han sido escuelas de oración y de cultura.

Una enseñanza para todos

La historia de benedictinos y cistercienses nos enseña que las reformas auténticas no rompen con la tradición.

La renuevan.

Los fundadores del Císter no rechazaron a San Benito.

Volvieron a él.

Y precisamente por eso pudieron ofrecer a la Iglesia una nueva primavera espiritual.

Quizá también nosotros necesitemos hacer lo mismo.

No buscar siempre novedades.

Sino regresar una y otra vez a las fuentes del Evangelio.

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