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San Gregorio Niseno

Por: Biblioteca de Autores Cristianos | Fuente: Año Cristiano (2002) Obispo (ca. 400) Gregorio fue hermano menor de San Basilio, y nació en Cesárea de Capadocia hacia el año 330. Huérfano desde pequeño, sus hermanos Basilio y Macrina se hicieron cargo de su educación. Hizo los estudios clásicos, propios de su tiempo y su clase social elevada, y llegó a ser profesor de retórica. Se debió a la influencia de San Gregorio Nacianceno su determinación de entregarse al servicio divino y se ordenó de sacerdote, estando ya casado con una dama llamada Teosebeia. Lo más probable es que el matrimonio se separara,

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La oración para san Agustín de Hipona

«Vete al Señor mismo, al mismo con quien la familia descansa, y llama con tu oración a su puerta, y pide, y vuelve a pedir. No será El como el amigo de la parábola: se levantará y te socorrerá; no por aburrido de ti: está deseando dar; si ya llamaste a su puerta y no recibiste nada, sigue llamando que está deseando dar. Difiere darte lo que quiere darte para que más apetezcas lo diferido; que suele no apreciarse lo aprisa concedido» (Sermón 105). «Vergüenza para la desidia humana. Tiene El más ganas de dar que nosotros de recibir; tiene más

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San Vicente

Por: Juan Ferrando Roig | Fuente: Año Cristiano (2002) Diácono y mártir (+ 304) La situación de la Iglesia hacia el año 300 no podía ser más halagadora. Eusebio, historiador objetivo que vivió aquellas fechas, llega a decir que una muchedumbre incontable de personas diariamente se acogía a la fe de Cristo. A pesar de ello, se desencadenó una nueva persecución, la última de aquella serie y la más duradera, pues, iniciada por Maximiano y Diocleciano, fue continuada por otros emperadores hasta que Constantino y Licinio concedieron en 313 la libertad de cultos. En marzo del 303 se publicó el primer edicto imperial, en el cual se ordenaba

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Antigua Homilía anónima (Secunda Clementis)

I. Hermanos, tendríamos que pensar en Jesucristo como Dios y como Juez de los vivos y los muertos. Y no deberíamos pensar cosas mediocres de la salvación; porque, cuando pensamos cosas mediocres, esperamos también recibir cosas mediocres. Y los que escuchan como si se tratara de cosas mediocres hacen mal; y nosotros también hacemos mal no sabiendo de dónde y por quién y para qué lugar somos llamados, y cuántas cosas ha sufrido Jesucristo por causa nuestra. ¿Qué recompensa, pues, le daremos?, o ¿qué fruto digno de su don hacia nosotros? ¡Y cuántas misericordias le debemos! Porque El nos ha concedido

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