Academia de pilotos

Deja un comentario

Otros artículos interesantes para ti...

Poesía: Yo, ¿Cómo vine al mundo?

Yo ¿cómo vine al mundo? Condenado;Dios ¿cómo me libró? Dando su vida;Yo ¿cómo la perdí? Por un bocado,Que fue del mundo todo el homicida.Dios ¿qué me pide a mí? Lo que me ha dado;Yo ¿qué le pido a él? La eterna vida;Dios ¿para qué murió? Para librarme:Yo para qué nací? Para salvarme. De tierra soy, en tierra he de volverme;Y a siete pies de tierra reducido,Y una pobre mortaja en que envolverme,Tendré del mundo el pago merecido;No puedo deste paso defenderme,Ni el César puede, ni el jayán temido;¡Miseria general!, ¡caso terrible!Que tengo de morir es infalible. Allí de los amigos

Leer más »

San Francisco de Sales

Por: Lamberto de Echeverría | Fuente: Año Cristiano (2002) Obispo y doctor de la Iglesia (+ 1622) El visitante que llega hoy a Annecy queda sobrecogido ante la increíble belleza de la ciudad y del paisaje. Si en lugar de quedarse entre calles sube a la colina en la que está edificado el monasterio de la Visitación, su admiración se acrecienta. Todo es bello: los Alpes nevados; el lago, sereno, terso y bruñido; la ciudad tendida a los pies del viajero; la iglesia y el monasterio. Cuando penetra en el templo ve, a los lados del altar mayor, dos preciosas urnas. Y

Leer más »

Los miedos de María

Casi como un compañero permanente en todos los pasos que damos en nuestra vida aparece el miedo. A veces, como buen aliado que nos ayuda advirtiéndonos de un peligro inminente, otras veces como una ilusión que frustra nuestros proyectos. Así, se presenta el miedo para nosotros, decisivo, ilusorio, influyente o consejero en nuestro actuar. Sin embargo, siempre habrá otra opción, nuestro Dios es un Dios de oportunidades. Las opciones siempre van a estar Aunque nos consideremos muy buenas personas, no se necesita ser un gran «pecador» para sentir miedo. El problema radica en las decisiones que nosotros tomamos. En una

Leer más »

Poesía: Viernes Santo

Tu maderome llegaba, Señor, desdibujado.Eludía contornos.Cualquier forma concreta me arañaba el espíritu.Pero, a pesar de ello,tu madero, Señor, se perfilabaen el cordial ambiente de la tarde.Aquel niño que al vientolanzaba su molinode papel y coloreslo acercaba a mis ojos. Los hería de pronto.Aquellos seres mínimos y tuyos,que estrenaban vestidospara festejarte,me traían tu voz.Aligeraba el paso (oh Señor, caminar en distanciasin sonidos hirientespor lo azul de mis venas),pero tu voz seguía persiguiéndomepor el asfalto sin circulación.Tus palabras,tus últimas palabras del Calvario,eran el aire que me circundaba.No respiraba apenas.Me dolía tragarlas. Unirlas a mi sangre miserable.Acaso,una sola vibróen el aliento turbio. Suspendida.Cuando

Leer más »